Los campesinos

que quieren

alimentar a

Bogotá

en tiempos

de pandemia
La capital colombiana tiene más territorio
rural que urbano. Hay campesinos que
quieren jugar un rol central con miras
a mitigar el hambre en la ciudad
durante la pandemia.

(15/05/2020)

Por: Juan José Jaramillo

Al sur de Bogotá se encuentra el páramo más grande del mundo: el Sumapaz. Allí sus campesinos y campesinas aran la tierra buscando siempre independencia y autonomía frente a la ciudad. Pero parte de esta relación es poder vender los productos a precios justos, algo que nunca había sonado tan necesario como hoy, cuando el mundo atraviesa una pandemia sin precedentes. Ellos quieren ser parte del primer anillo contra el hambre que pende como un yugo en la casa de más de 1.5 millones de habitantes de la capital, según la alcaldía misma.

Esta es la apuesta de un grupo de campesinos que trabajar de la mano con Bogotá.

Detrás de esas montañas queda el Sumapaz. Es región, páramo y al mismo tiempo el Sumapaz es una localidad de Bogotá. La
número 20. En ella viven 7.854 personas, según datos estadísticos de la Alcaldía de Bogotá. Tiene 78.000 hectáreas, la mitad del
total de todo el Distrito Capital. Es la única localidad de la ciudad que no tiene un solo caso registrado de COVID-19.
Robinson y Jorge se despertaron un sábado a las 4:00 a.m. para terminar de empacar los mercados en la camioneta. A las 6:00 a.m.
prendieron el motor y salieron de la finca El Porvenir. El carro iba a tope. En 15 minutos estaban en la plaza del antiguo pueblo de Usme,
al sur de la ciudad; como nunca antes pudieron cruzar la metrópoli, libre de trancones por la hora y por el confinamiento. La cita era en el
parque de Pablo VI, centro geográfico de Bogotá. Ahí se encontraron con un grupo de ciudadanos que, después de haber trabajo con la
región por mucho tiempo, decidieron ofrecerse para repartir estos mercados. Esta es la apuesta de 18 familias para demostrar que
Bogotá podría alimentarse de manera responsable con sus habitantes, y no comprando todo en grandes superficies.
Este es el primer viaje que hacen y lograron vender 77 mercados. El contenido puede variar, pues el consumo responsable que ellos y
ellas fomentan depende mucho de productos de temporada, o sea, de lo que hay disponible para cosechar. Esta ocasión fue: espinaca,
acelga, cebolla, lechuga, coliflor, brócoli, papa, tomate, fresas, queso, leche y huevos. En la foto, Jorge Huertas pasa mercados a
los carros que lo repartirán en la ciudad.
Los dos campesinos líderes de esta iniciativa son Róbinson Daniel Poveda y Jorge Huertas. Ambos viven en la vereda El Destino. En
este momento organizan a 18 familias vecinas para trabajar en comunidad. El panorama en el Sumapaz les cala en los huesos: acaban
de salir de unas heladas que destruyeron gran parte de las producciones, por lo que, según Robinson, la mayoría de campesinos no
estaba en una situación para resistir dignamente esta pandemia. Y, para terminar de completar, el precio de los insumos subió un 10%,
de un tacazo. “De la alcaldía, nada. Nosotros mismos tuvimos que hacer retenes para que no subieran turistas. No pedimos subsidios,
pedimos que nos faciliten todo para poder trabajar.”
Su apuesta alternativa es ahora vender mercados en otras zonas de la ciudad diferentes a Usme. El proceso para traer los mercados
es el siguiente: Los campesinos del Sumapaz se contactan en Bogotá con Camilo Álvarez, activista agroalimentario y le informan
qué productos hay para vender esa semana. Él hace parte de Fuerza Común, un colectivo de activistas en su mayoría docentes
universitarios. Entre ellos comienzan a escribir y a distribuir en su red de conocidos los anuncios de los mercados. Luego,
Camilo recolecta los pedidos y la plata de quienes pagan por adelantado. Hasta ahí la preproducción.
Entra la chispa de la solidaridad. Con los pedidos anotados, buscan amigos y amigas con vehículo para repartir los pedidos por toda la
capital. La solidaridad nunca falla entre ellos y ellas. Al cabo de indagar resultaron los cuatro conductores. Ese sábado, en la plazoleta
del barrio Pablo VI, cada uno de los voluntarios atiborra su carro con leche, huevos y hortalizas. Comienza la jornada para repartir, en
cuatro rutas, los productos por los cuatro puntos cardinales de Bogotá.
Fue una primera de vez de prueba y error. Por ejemplo, con la leche sucedió una de las anécdotas pintorescas. Tres días antes cayeron
en cuenta que no tenían cómo bajar la leche a Bogotá. Ellos, acostumbrados a comerciarla entre vecinos y conocidos de Usme, vendían
la leche fresca repartiéndola en tinajas metálicas, pero ahora tenían un problema gigante. Así que hablaron con Camilo y este, después
de mucho buscar y rebuscar, tuvo que comprar botellas a una empresa que tuvo que correr para ellos. Los retos son todos, pero las
ganas y el compromiso, son más.
Estas 18 familias vecinas del Sumapaz son capaces de producir 100 mercados cada 15 días. A raíz de la idea otros vecinos parecen
animarse y les han preguntado cómo podrían unirse al proyecto.
“Para mí es una falta de respeto que en estos momentos de crisis la Alcaldía esté comprando todo a grandes supermercados. Han
dicho, todos, que van a ayudar al campesino y si nos incluyeran como comerciantes para los mercados que está entregando la
Alcaldía, ya estaríamos listos nosotros para poder enfrentar esta crisis. Así nos ayudan a nosotros sin regalar nada.” Robinson
piensa muy bien qué decir antes de hablar, quiere ser muy claro cuando dice cada frase.
Solo en esta prueba piloto se vendieron 77 mercados. Cada uno a $59.000 con el precio del domicilio incluido. Esto les significó casi
$4.5 millones de contado a las 18 familias que se unieron en esta iniciativa. Una solución autogestionada para aguantar en mejores
condiciones el remezón económico de esta pandemia. Al mismo tiempo 77 familias pudieron comprar de manera segura, sana y
amigable un mercado sin exponerse en la calle.

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