miércoles, abril 14, 2021
El 9 de abril se conmemora el Día Nacional de la Memoria y la Solidaridad con las Víctimas. Aunque no existe un consenso sobre las cifras exactas de las víctimas del conflicto armado en Colombia, sus relatos son vitales para la reconciliación, el perdón y la construcción de paz.
Baldomero García Márquez camina con parsimonia por los pasillos del cementerio. De ojos rasgados y alegres, ve algo que pocos ven, tiene conciencia sobre un tema al que muchos rehúyen: la muerte. Ese lugar, que recuerda cuán cerca estamos de la etapa final —seguida de dolor y luto—, para él representa plenitud, libertad, sosiego. El cementerio es su trabajo; es, paradójicamente, su vida.
Tengo diez años. Es la noche del 31 de diciembre. En la calle hay música, carcajadas, abrazos sinceros de unas pocas horas… La fiesta durará hasta que sus cuerpos no aguanten más alcohol, hasta que queden dormidos, vencidos, en el andén. Están por comenzar los disparos a media noche que a veces terminan en una tragedia. En mi casa no hay cenas, ni música, ni abrazos. No tiene por qué haberlos. Este año no hay nada que celebrar. 
Si me lo preguntan resumiría los dos primeros años de Iván Duque en la presidencia como un periodo de tiempo en el que se desmontó toda una política de Estado, haciéndola pasar como un capricho del anterior mandatario. Esa política de Estado es la implementación de los acuerdos de paz con la extinta guerrilla de las FARC.
Concepto Comité de Solidaridad con los Presos Políticos.
El dolor inunda nuestros corazones, almas y mentes (o por lo menos a mi) cada vez que pienso en las ocasiones donde fui violentada o he sido violentada sistemáticamente. Este es un modelo social, político, económico y cultural que me hace sentir culpable, víctima eterna y sumisa al patriarcado.
La vida algunas veces parece marchitarse en el olvido, en el odio, los deseos de venganza, en la misoginia, en la violencia imparable de este país… Y como si fuéramos todas aves fénix resurgimos de las cenizas. Pensar en un contrato social real para Colombia es tener esperanza de poder hacer el cambio, construir desde el pensamiento para la acción conjunta.
Hace algunas semanas escuché una clase de Carmenza Saldías sobre el futuro económico del planeta, de los territorios, de lo que llaman glocalidad. Ella decía que estábamos ante una de las oportunidades más interesantes e importantes del planeta: el inicio de una nueva era, una nueva Época.
Entre nubes y sueños se encontraba Yuliana Samboni. Ella estaba lista para vivir, crear y ser. Ella que, con su familia, desde la esperanza de una vida distinta, en paz, frente al dolor de la guerra en su territorio, terminó en Bogotá. Ella, que, como muchos, hacía parte de los nadies para este Estado, donde la pobreza, el racismo y la misoginia hace parte de su desgarrador final.
Montmartre es conocido por ser nido de un fenómeno cultural que define en gran parte el imaginario de París: la bohemia. En tiempos de cuarentena les ofrezco un recorrido mental por ese fascinante barrio.