En casi medio año, Sonia logró desempolvar un vasto proceso que llevaba catorce años arrumado en los anaqueles del olvido de la Unidad contra el Terrorismo.
Cotejando documentos, obteniendo testimonios y pruebas clave, Sonia y su equipo armaron un complejo rompecabezas de la violencia. Allí se encontró de frente con el empresario Luis Gonzalo Gallo Restrepo, uno de los miembros de aquella junta directiva, a quien investigaba por concierto para delinquir, lavado de activos y desplazamiento forzado por este caso.
La judicialización de Gallo cambió su vida para siempre.