Sonia Velásquez Patiño

En casi medio año, Sonia logró desempolvar un vasto proceso que llevaba catorce años arrumado en los anaqueles del olvido de la Unidad contra el Terrorismo.

Cotejando documentos, obteniendo testimonios y pruebas clave, Sonia y su equipo armaron un complejo rompecabezas de la violencia. Allí se encontró de frente con el empresario Luis Gonzalo Gallo Restrepo, uno de los miembros de aquella junta directiva, a quien investigaba por concierto para delinquir, lavado de activos y desplazamiento forzado por este caso.

La judicialización de Gallo cambió su vida para siempre.

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Primero fue la llamada. «Mi general Rodolfo Palomino le tiene un mensaje», soltó el general Jorge Enrique Rodríguez Peralta, entonces director de la Dijin. Era el 8 de febrero de 2014. Al otro lado de la línea, Sonia Velásquez, fiscal delegada ante los jueces penales del circuito especializado de Bogotá.

A los 20 minutos sonó el citófono de su residencia. De la portería le anunciaban que Rodríguez y Palomino habían llegado. En lo que se demoraron en subir los siete pisos, le pidió a su hija el celular para grabar lo que tenían por decirle. Con rapidez, la fiscal escondió bajo una mesita el teléfono en modo grabación, los hizo seguir y les indicó dónde sentarse. Sabía que no venían a felicitarla por el operativo que estaba a punto de sacarla de uno de los procesos judiciales más determinantes de su carrera en la Fiscalía.

Por esos días por venir

por este brindis para mí

por regalarle la intuición al alma mía

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