Abelardo De la Espriella: el presidente electo que llega al poder lleno de ‘banderas rojas’ y con media Colombia en oposición

El polémico abogado, de acuerdo con el preconteo, llegará a la Casa de Nariño el próximo 7 de agosto tras una campaña marcada más por los símbolos y las polémicas que por las propuestas. Y gobernará un país que reflejó su profunda división en las urnas: alrededor de 250 mil votos lo separaron de su contrincante, Iván Cepeda.

Abelardo De la Espriella: el presidente electo que llega al poder lleno de ‘banderas rojas’ y con media Colombia en oposición

(22/06/2026)

El polémico abogado, de acuerdo con el preconteo, llegará a la Casa de Nariño el próximo 7 de agosto tras una campaña marcada más por los símbolos y las polémicas que por las propuestas. Y gobernará un país que reflejó su profunda división en las urnas: alrededor de 250 mil votos lo separaron de su contrincante, Iván Cepeda.

Abelardo De la Espriella es reconocido como uno de los abogados penalistas más mediáticos y controversiales de Colombia, y no solo por su extravagante forma de vida sino por un ramillete de clientes que van desde mafiosos y paramilitares hasta políticos procesados por vínculos con grupos al margen de la ley y corrupción, varios de los cuales han denunciado haber sido estafados por él, y a quienes debe buena parte de su fortuna.

Tiene 47 años, nacionalidad colombiana, italiana y estadounidense y es egresado de la Universidad Sergio Arboleda —donde también cursó una maestría en Derecho—, además de ser especialista en ciencias penales y criminológicas por la Universidad Externado. Desde el 2002 fundó su firma De la Espriella Lawyers Enterprise

Como candidato y ahora como presidente electo de Colombia, de acuerdo con el preconteo y a la espera del escrutinio definitivo, Abelardo De la Espriella asume un rol protagónico como el nuevo referente de la ultraderecha nacional. Bajo su característico apelativo de «El Tigre» y presentándose como un outsider ajeno a las maquinarias tradicionales, ha centrado su discurso en un proyecto que promete refundar las instituciones mediante el orden estricto, la reducción fiscal y un modelo de seguridad con reminiscencias continentales.

La plataforma programática del abogado penalista se agrupa bajo el eslogan «Patria Milagro», una propuesta de corte conservador libertario que articula elementos económicos de la gestión de Javier Milei en Argentina y el enfoque penal de Nayib Bukele en El Salvador.

La piedra angular de su campaña es la promesa de recuperar el control territorial del país en 90 días, planteando un «Plan Colombia 2.0» sustentado en el uso de drones e inteligencia artificial. Entre sus compromisos más directos figuran la construcción de 10 megacárceles de máxima seguridad, la reanudación de la fumigación aérea de cultivos ilícitos para destruir 330.000 hectáreas de coca (a pesar que el país hay aproximadamente 253 mil hectáreas sembradas, según el último informe de la Oficina de Naciones Unidas Contra la Droga y el Delito) y la clausura definitiva de la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP)

En materia fiscal, De la Espriella defiende una agresiva reducción del Estado. Promete un ajuste fiscal inicial de 70 billones de pesos mediante la eliminación de trámites y la fusión de ministerios, con la meta de alcanzar un crecimiento anual del PIB del 7% basado en la desregulación de los sectores empresariales. En el ámbito social, contrapone las reformas del actual Gobierno con propuestas como un plan de choque hospitalario de 90 días para mitigar la crisis del sistema de salud y la creación de subsidios para adultos mayores.

A pesar de su insistencia en presentarse como una figura renovadora e independiente de «los políticos de siempre» y un “representante de los nunca”, investigaciones periodísticas como las de Cuestión Pública,  muestran en De la Espriella un anclaje a sectores tradicionales del poder judicial y político. 

En su campaña, y aunque no los aceptó públicamente, estuvo acompañado por  clanes regionales como los Char, en Atlántico, así como de los partidos tradicionales que, casi al unísono, respaldaron su candidatura para la segunda vuelta presidencial. Así que más que con “los nunca”, Abelardo De la Espriella llegaría a la presidencia con los de siempre. 

Pero también llega con una relación tensa con otros poderes en el país como la prensa, contra quien ha practicado un acoso judicial sostenido; y el Congreso, a quienes amenazó solo un día antes de elecciones para que aprueben sus designios, que según él, son los designios del pueblo. 

Cualquier parecido con Petro, es pura coincidencia. 

Su discurso triunfal mostró un candidato más conciliador que el de campaña, no obstante, sólo en sus primeros meses de mandato se sabrá si ese será realmente el tono de su gobierno o si el que gobernará será el incendiario que prometió destripar y perseguir a sus contradictores y quien esta semana mostró su talante con la solicitud de detención y deportación del activista Beto Coral desde Estados Unidos. 

Las cartas están echadas para Colombia, un país con más de 60 años de conflicto, necesitado de acciones de reconciliación y fortalecimiento de la democracia.