
Una marcha amarilla que se partió en dos: así se vivió el desfile del 20 de julio en Ciudad Bolívar, en Bogotá
(22/07/2026)
Al final del tradicional desfile militar del 20 de julio, en el aniversario número 216 de la Independencia, bastó recorrer unos cientos de metros en la localidad de Ciudad Bolívar, en Bogotá, para ver a las dos Colombias que, tras las más recientes elecciones presidenciales, parecen estar mucho más divididas: en una misma avenida caminaron dos proyectos de nación, al mismo tiempo y a la misma hora… pero no en la misma dirección.
Eran las 10 de la mañana cuando una mancha amarilla de hombres, mujeres, adultos mayores, jóvenes, niños y hasta perros (muchos con prendas alusivas a Colombia) llenó la Avenida Villavicencio, en Ciudad Bolívar, en el sur de Bogotá. La multitud se congregó en sentido oriente, hacia la Universidad Distrital sede Tecnológica. Era la primera vez en la historia que la celebración de la Independencia llegaba a esa localidad.

Los árboles del separador de la avenida que atraviesa Ciudad Bolívar, Bosa y Kennedy cargaban, no frutos, sino espectadores que querían una mejor vista para sus fotos y videos debido a la gran cantidad de personas que se agruparon sobre ese espacio para ver a los militares de Colombia.
Mujeres y hombres uniformados de la Policía Nacional, el Ejército, la Fuerza Aeroespacial y la Armada, se desplazaron en formación y por primera vez sobre la calle del sur de la ciudad, obedeciendo a la decisión del presidente saliente Gustavo Petro, que quiso cambiar la tradicional ubicación del desfile militar, ya que solía hacerse en el norte de la ciudad, a excepción del 2024.
La atención del público también se dividió entre los aviones y helicópteros militares que sobrevolaban, mientras los caballos y perros, activos en servicio y jubilados desfilaban en medio de expresiones de ternura y personas aprovechando para tomarse fotos y saludar. La unión y el ‘júbilo inmortal’ del que habla el Himno Nacional, se sintió, al menos por un momento.
Las cabezas de los compatriotas se asomaban por las ventanas de las casas y altos apartamentos ubicados sobre la avenida que, al igual que en la mayoría de calles de la ciudad, se vistieron con banderas de Colombia. Aunque también se avistaron ventanas todavía con carteles alusivos a la campaña presidencial de Iván Cepeda y Aída Quilcué.

Termina el desfile, se divide la audiencia
A medida que se avanzaba se veían muchas banderas de Colombia. Pero acercándose a la sede de la Universidad Distrital, hacia las 11:30 de la mañana, las banderas empezaron a cambiar de colores y de significado: eran de Palestina, del M-19 y de la Unión Soviética. Ya las camisetas no eran solo de Colombia, sino también unas que decían “Desobediencia Civil Pacífica” o con imágenes del jefe guerrillero Ernesto ‘Che’ Guevara.
Los ríos de gente ya no iban hacia la misma dirección. Unos marchaban hacia adelante, pero otros se dirigieron hacia las calles salientes de la Avenida Villavicencio y marchaban hacia atrás, a la Autopista Sur. En ese retroceso, dos seguidores del presidente electo Abelardo De la Espriella que tenían una camiseta de la Selección Colombia modificada con la imagen un tigre, mencionaron que no se quedarían a escuchar al presidente Gustavo Petro, quien iba a dar su discurso frente la Universidad Distrital y que por eso se devolvían. Eso sí, no sin antes usar palabras como “guerrillero”, para referirse al Primer Mandatario.
Johana y Juan Pablo, una madre y su hijo que también emprendieron el regreso, al ser indagados sobre su opinión sobre el traslado del desfile militar de este año, respondieron que conocen de la afinidad del gobierno saliente con la gente de bajos recursos, entendiendo que existe una línea de división entre ricos y pobres. Mencionaron, igual, que les había parecido una buena decisión.
A la pregunta de qué sentían en este 20 de julio, a menos de 15 días del cambio de gobierno, la respuesta fue: “esperanza, porque estamos felices con el cambio que llega a la Casa de Nariño”. Consideran que será un gobierno para todos los colombianos, no solo para unos pocos, y en sus palabras, están “firmes por la patria”.
La misma pregunta se le realizó a Laura, una mujer que caminaba apurada hacia adelante y que tenía una camiseta blanca con la frase Desobediencia civil. Pero su respuesta fue totalmente opuesta: siente “miedo”, ya que tenía ilusión y fe en la continuidad de las políticas del presidente Petro y su partido y teme por los cambios que se den en el nuevo gobierno, así como “por la seguridad de quienes piensan diferente”, como ella.
También mencionó varias veces, en alusión a su camiseta, que “la desobediencia civil no es violencia y es una forma de manifestar, de forma pacífica”.
Avanzando en la vía y cerca del Centro Comercial El Ensueño, de repente ya el flujo de gente que se devolvía se redujo a una sola fila en medio de una multitud que, a paso de procesión, se dirigía al punto donde el presidente Gustavo Petro daría su discurso y ya se escuchaban las primeras arengas en apoyo al mandatario saliente. Era tanta la multitud, que la gente empezó a saltar las barras verticales de metal que dividen al separador de pasto.
Allí se encontraba Luis, un adulto mayor con una bandera de Palestina que cree que así como se conmemora la independencia de Colombia, explicó que se debe recordar todos los días la soberanía de Palestina, mientras haya líderes públicos como el presidente saliente que luchen por la libertad de los palestinos.
Hasta la entrada del Centro Comercial, era tal la cantidad de personas que ya no se pudo avanzar más, así que muchos ingresaron al Ensueño para atravesarlo y estar más cerca del Presidente. Allí había carteles con la frase “Abelardo no me representa”. Otros decían “A las calles a luchar contra Abelardo y su plan”.

Las camisetas, las gorras, los carteles y las arengas de agradecimiento a Gustavo Petro ya eran la constante entre también muchas banderas de Colombia, pero ya no tantas camisetas de la Selección de fútbol.
Ahí se encontraba David, un ex militar que sostenía un cartel que decía “Petro el mejor presidente del mundo” y que mencionó que el mandatario representa una fuerza imparable, por lo que tiene “tusa” de su salida de la Presidencia y del retroceso que, para él, significa el nuevo gobierno.
Fue ahí cuando empezó a sonar el Himno Nacional y en medio de una multitud cada vez más apretada, el canto al unísono de los asistentes fue ensordecedor, claro que no tanto como cuando el presidente saliente inició su discurso.
Al avanzar como entre un laberinto no apto para claustrofóbicos, se evidenció que la carpa de la prensa no tenía prensa. La gente había abucheado tanto a los medios, que muchos salieron de allí y solo quedaron algunos, entre los que estaban el canal público.
Esta vez la gente no había llevado las sillas de camping y los binoculares para ver el desfile militar, como en ocasiones anteriores, sino que llevaron sillas, escaleras y butacas para alcanzar a ver hacia la tarima adornada con la bandera de Colombia, donde se encontraban el presidente Gustavo Petro, la vicepresidenta Francia Márquez, varios ministros, concejales de Bogotá por el Pacto Histórico y funcionarios del gobierno actual.
Gustavo Petro centró su discurso, que duró alrededor de dos horas, en mencionar los logros de su gobierno, cuestionar las elecciones presidenciales recientes y la injerencia de Estados Unidos, a través de Marco Rubio. A cada palabra, la multitud lo respaldaba y frases como “Petro, amigo, el pueblo está contigo” se escuchaban, así como se veían ojos con lágrimas.
En contraste, algunas pocas personas que quedaron atrapadas entre el mar de gente después del desfile militar, intentaban llegar al centro comercial mientras miraban con malestar los carteles en apoyo al Presidente.
Al final, los hechos mostraron que la unión vista al comienzo de la celebración del Día de la Independencia tenía hora de expiración y un punto de giro muy marcado que evidenció la polarización actual del país: el final del desfile militar y el comienzo del discurso político.






