El gobierno de ADLE será… un puto loop
(14/07/2026)

Por Diana Salinas.
¿Ves la repetición incesante? Me encantaría que lo viéramos todas para que seamos conscientes de que haber elegido a Abelardo De La Espriella (ADLE) en Colombia nos manda inmediatamente a los años cincuenta.
No es una obviedad lo que pretendo señalar. Con el gobierno que se instalará en Colombia el próximo 7 de agosto, estamos ante el reencauche del Partido Conservador más radical: el de la cuerda de Laureano Gómez. De esto somos testigos al saber de los nuevos nombramientos. Especialmente con el de Hacienda, Miguel Gómez Martínez; y con el del nuevo jefe del gabinete, Nicolás Gómez Arenas, su sobrino. El primero es hermano de Enrique Gómez.
¿Y quiénes son? La descendencia del abuelo Laureano Gómez. También la del tío, el otrora político Álvaro Gómez. La línea más cercana. La más directa. Todos conservadores de los más extremos.
No es menor que la dirección del gabinete y el manejo de la economía vaya a estar en manos de quienes representan la política más rancia y menos popular del partido Conservador colombiano. Nada más. ¿Y para qué más? Si con eso tienen lo más importante: economía por encima de la vida y la dignidad y la transparencia.
Y no solo es ver que todos hacen parte de un árbol genealógico. Esos Gómez son una representación actual de una visión política que se institucionalizó casi dos siglos atrás, cuando nació el partido Conservador en 1849, «Dios y patria» para proteger “las tradiciones sociales y religiosas” del país.
—Obvio, bobis, dirán algunxs—. Porque ¿quién manejó esto? Pues Enrique Gómez, la mano derechísima de ADLE en campaña y lo será en ese gobierno, ya lo vemos, pues.
Con estos nombramientos se puede ver que el gobierno de ADLE tiene su talante político en el ala más extrema del tradicional partido azul colombiano. Un estilo dictatorial que vimos gobernar con el propio Laureano Gomez, en 1950 y que se detuvo en 1953 con el golpe de Estado de Rojas Pinilla.
De paso, esto trae, cómo no, el tufillo de la Constitución de 1886 con todos sus conceptos antidemocráticos y antidiversidad: cárcel para todxs los comunistas.
Yo sí decía: ¿por qué hablan como si no existiera la Constitución de 1991? Mala cosa, nos devolvimos. La gente, y da risa nerviosa decirlo, creía que el partido azul, el de los laureanistas y los alvaristas, estaba muerto. Y no. Así que me río de nuevo, porque de «nunca» no tienen nada. El Estado ha sido más que una teta, un cuerpo entero para ocupar y vivir de él.
Debo confesar que me costó verlo. Pensé que ADLE era un joker, un raro al que no sabía cómo leer. Y esto que nos causa estupor por sus formas violentas y rancias en las que invocan la moral punitiva: «empalme anticorrupción», «cárcel pa’ todo el mundo», «porte de armas», «Patria milagro» ya tienen explicación para mí.
Nada de raro tendría que intentaran instaurar la pena de muerte.
Lo advirtió Carlos Alonso Lucio en su calidad de líder del empalme, que venían más de 400 decretos en los primeros noventa días. Intentó maquillarlo por ahí con «normas» y «proyectos de ley». Esto es porque, puede advertirse, intentarán llevar a cabo a toda costa sus propuestas de campaña, muchas prohibidas por Constitución, y evitar el Congreso. Lo harán por decretazos. Porque este nuevo gobierno es, en muchas formas y sentidos, una vuelta tremenda a la Colombia de los años cincuenta.
Repito.
Pero, bueno, el laureanismo y el alvarismo constituyen apenas una capa. Este loop no es una copia exacta de hace setenta y seis años. Quizá es peor, porque el poder que se va a instalar en menos de un mes en la Casa de Nariño mezcla otros factores que, a mi modo de ver, terminan de darle forma actual a este neoconservadurismo:
1) El repunte del paramilitarismo como «grupos de seguridad ciudadana». ADLE nos saca de una Colombia que ha tenido acuerdos de paz y nos devuelve —al menos en su discurso de perro bravo— a la doctrina del «enemigo interno» de finales de los noventa y los dos mil, así como a la estigmatización punitiva de la izquierda. No sería extraño que intentaran revivir una institución tipo Departamento Administrativo de Seguridad (DAS), desde la que el gobierno de Álvaro Uribe persiguió a jueces, periodistas y activistas. Hoy extinta.
2) Hay un evidente enroque uribista con Estados Unidos al servicio del nuevo poder de ADLE. Lo representa el propio Álvaro Uribe; su hijo, Tomás Uribe (en X); la exsenadora María Fernanda Cabal y su esposo José Felix Lafaurie; el senador estadounidense Bernie Moreno y el secretario de Estado de los EE.UU., Marco Rubio. No necesariamente se responden entre sí en público, pero sus mensajes y las decisiones de distintas instituciones estadounidenses dejan ver una sincronía política difícil de pasar por alto. Esa sincronía se hace visible en episodios como la inclusión del presidente Gustavo Petro en la llamada Lista Clinton, las investigaciones abiertas en ese país que podrían desembocar en un pedido de extradición y la deportación del influenciador Beto Coral.
3) El residuo religioso representado por Carlos Alonso Lucio. No será el único. Veremos católicos, cristianos y quizá lefebvristas como Alejandro Ordóñez. Todos anti LGBTIQ+. Un popurrí antiotredad. Antilibertad.
Y uno más:
4) Un gobierno de abogados penalistas del ala abelardista. Lo que significa que las verdades a medias y las noticias falsas estarán a la orden del día. Me temo que la verdad con ADLE será, como dice Joaquín Sabina, «solo un cabo suelto de la mentira». Es imposible estudiarlos y comprenderlos sin sus clientes mafiosos. Se creen exquisitos e inimputables.
Para esa línea abelardista buena parte de la explicación de lo que sucede en Colombia pasa por la lógica del litigio, pero con la ley del embudo: lo ancho para ellos y lo angosto para los demás. Y con ese tonito, cualquier conversación la responden como si fuera un fallo, un auto o una providencia. O como los señores de la contraparte en un estrado judicial. Pesado, muy pesado.
Entretanto, desde el Senado estará el propio Enrique Gómez —nieto de Laureano Gómez—, junto con otros tres miembros de su partido y uno en la Cámara. ¡Quién lo iba a creer! Parecían cinco golondrinas en las elecciones del pasado marzo. Hoy cuentan con el renovado partido de su tío, el Movimiento Salvación Nacional.
Para explicarlo en términos religiosos: Salvación Nacional es al partido Conservador lo que el Lefebvrismo es al catolicismo. Por eso dije al inicio: la versión extrema y menos popular del partido Conservador colombiano.
Y con el gobierno laureanista y alvarista de ADLE, esas cinco golondrinas van a contar, cómo no, con el partido Conservador (de hecho, Daniela Cepeda, la hija del eterno presidente de este partido, Efraín Cepeda, es la nueva ministra de Cultura) que representa el 9 % del Congreso electo y al Centro Democrático, que es el 15 %. Una posible mayoría difícil para debatir.
Este es el popurrí de los neoconservadores de Colombia. No hace falta decir fascistas, porque sería redundar. Total, nada muy novedoso; al contrario, profundamente colombiano. Colombianísimo. Tanto que ADLE se pretende posesionar en una guarnición militar, rompiendo la tradición de hacerlo con la trayectoria que va desde el Palacio de Nariño hacia el Congreso, en el que instalaría la primera legislatura de su presidencia.
Lo bueno es que ya sabemos lo que hicieron «los nunca» en el siglo pasado, expresión de campaña de ADLE para referirse a sí mismos. No está de más tener siempre presente que la historia de este país es… un puto loop.
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