No todas las amenazas a la democracia son iguales

¿Desde qué lugar nos comunicamos en estas elecciones?

No todas las amenazas a la democracia son iguales

(16/06/2026)

(Cali, 1979) Periodista de investigación, escritora y una de las voces más influyentes en la defensa de la verdad y la transparencia en Colombia. Ha sido galardonada con el Premio Rey de España (2023), Simón Bolívar (2011, 2013, 2019, 2021), Círculo de Periodistas de Bogotá (2024) y Sociedad Interamericana de Prensa (2023).

Por Diana Salinas.

Bueno, estoy aquí frente a todo aquel y toda aquella que quiera escuchar.  

Pero, antes, quién soy yo:

Soy Diana, hija de una familia colombiana común y corriente, directora de Cuestión Pública.

Soy densa, espesa, y buena para ver en la oscuridad. Tengo un don especial para esto.

Creo que es lo más relevante que les puedo decir sobre mí, para efectos de contar lo que sigue. 

¿Desde qué lugar nos comunicamos en estas elecciones?

Como directora del medio de periodismo de investigación, y también como mujer que se cuestiona. Como ciudadana que observa a los autoritarios del presente y reconoce los ecos de los autoritarios del pasado. Como alguien que mira con preocupación la imposición y el avance de un fenómeno que parece consolidarse ante nuestros ojos: una alianza entre plutocracia y algoritmo, entre concentración de riqueza y concentración del poder político, donde viejas jerarquías encuentran nuevas formas de perpetuarse, quiero decirles que me ubico en el presente y desde la vida. 

En los orígenes de Cuestión Pública, en 2018, siempre pensamos que jalar el hilo del dinero era una forma eficaz de hacer periodismo de contrapoder.

Esta ruta nos reveló la corrupción, los abusos de todo tipo, los acuerdos que se pactaban por debajo de la mesa, así como las contradicciones. 

También nos dio muestras del respeto —o el desprecio— que determinadas élites sienten por la democracia cuando creen que nadie las está viendo.

Nuestra fórmula quería rigor en los datos. Revelación, forma y contenido sexy.

Así descubrimos cómo un congresista compraba su apartamento o un predio, a quién, cuánto decía haber pagado y cuánto intentaba ocultar para reducir impuestos —aún ganándose treinta millones de pesos, en ese entonces—. ¿Con quién negociaba su capital? ¿Un mafioso? Como lo revelamos en varias ocasiones.

Hoy tenemos un universo que tiene más de cuatro mil contenidos investigativos y estamos cerca de la veintena de premios, reconocimientos nacionales e internacionales.

Con el paso de los distintos gobiernos también hemos aprendido que investigar desde el contrapoder incomoda a todos los sectores del poder.

A quienes estuvieron antes.

Y a quienes están ahora.

Por eso nunca hemos entendido nuestro trabajo bajo la idea de militancia, salvo por el feminismo, y aun así, bajo ninguna circunstancia vamos a dejar de ser críticas y veedoras del poder.

No hinchamos por ningún presidente o candidato presidencial. Al contrario, tratamos de desnudar las redes sin importar el partido político ni el abolengo. 

Esto puede llegar a desconcertar. Pero seguimos convencidas de que el periodismo de investigación tiene una responsabilidad elemental: vigilar a quienes pueden decidir sobre la vida de los demás. Por ende, la nuestra.

Significa que ponemos nuestra mirada todo el tiempo en quienes ejercen poder desde el ejecutivo, el legislativo y el judicial.

No solo de Colombia, sino a los poderosos de la región y del mundo.

Sin excepciones.

Desde el periodismo de investigación, la verdad es una búsqueda por hallar explicaciones plausibles, basadas en hechos y datos; también por encontrar quién sobornó, quién robó, y quién dio la orden. Y en esa perspectiva nos encontramos con que todo cambió. 

Durante todos estos años esa sigue siendo nuestra convicción. Lo que ha cambiado es el terreno sobre el que caminamos. 

Vemos con más claridad que la verdad, tanto como nuestro oficio, está atravesada por sesgos, agendas paralelas, violencias epistémicas, muchas veces pasivas.

Las grandes convidadas de piedra han sido las mujeres y la multiplicidad de enfoques. Por eso combinamos conceptos, transformamos a nuestro gusto.

En cuanto a las “lecciones de imparcialidad”, tenemos plena consciencia de que es un principio desigual e injusto con la diversidad. 

Vivimos en una sociedad donde la verdad misma se ha convertido en un territorio en disputa.

Quieren convencernos de que estamos equivocadas. Embutirnos a la fuerza su versión ilegítima. Por ejemplo, aquella en la que insisten en que los falsos positivos no existieron. 

Establecer una versión similar a la cocaína: blanca y pura. Sin manchas.

La verdad se estiró cual acordeón y aquí estamos navegando tercamente y a la deriva, advirtiendo que viene el lobo

Somos, por esencia, una redacción que cree en la paz como única vía para ser y existir. De hecho, la firma de los acuerdos nos alentó a nacer. 

Pensamos que se iba a poder investigar la corrupción sin que esto implicara poner en riesgo la vida. Incluso, llegamos a manifestar que seríamos una redacción sin escoltas.

Qué ganas de llorar me da escribir estas líneas.

Hace pocos días asesinaron al colega Cristian Herrera en Cúcuta y miro todo desde un exilio de modales amables, protegida por Reporteros Sin Fronteras. 

¡Qué le vamos a hacer! Fuimos ingenuas y osadas. Eso también es verdad.

Es posible que hayamos hecho un mal cálculo: creíamos que esas generaciones en pugna, las que multiplicaron su capital a sangre y fuego, pronto se jubilarían de la escena política y nacional.

Qué lejos estábamos de esa añoranza. Por eso, dedicarse al periodismo de investigación en Colombia sigue siendo un acto de fe.

Persistimos porque sabemos que la democracia no es un estado natural de las cosas, es más bien un tejido frágil que exige vigilancia y cuidados permanentes.

El cubrimiento que hicimos del paro nacional de 2021 nos lo hizo ver. Durante esos meses (finales de abril, mayo, junio y julio) registramos las vidas robadas de más de ochenta jóvenes en circunstancias de protesta social.

Según la investigación de Cuestión Pública, cuarenta de esas muertes habrían sido en enfrentamientos con la Policía y el ESMAD.

Cinco años después, seguimos sin saber quién segó sus vidas.

Tras estos hechos, parte de este equipo se internó en otro proceso que implicó la documentación del origen del paramilitarismo: la investigación del libro El laberinto del Parqueadero Padilla.

Fueron estos dos hitos los que marcaron la férrea idea de gritar si volvía a llegar un fascista al poder. 

Por eso nos resistimos a aceptar ciertas simplificaciones. La llamada polarización suele presentarse como una disputa simétrica entre extremos equivalentes. No lo son.

No todas las amenazas a la democracia son iguales. Los miedos no son amenazas per se. Hay cierta ceguera e inmadurez al no discernir entre unos y otros.

Nombrar esas diferencias no es abandonar el periodismo. Es reconocer la realidad tal como se presenta.

En el quiebre de esa supuesta “imparcialidad” de la prensa tradicional nace la coherencia. 

No se puede comparar a los dos candidatos de la segunda vuelta. No son lo mismo. Sin titubeo.

La forma y el contenido están sujetos a la Constitución Política. Por esto mismo, es inviable un candidato que promete de entrada irrespetarla y, por tanto, pasar por encima de nosotras como pueblo.

Pensar, siquiera, en “destripar” a la diferencia, término usado por el señor candidato Abelardo De la Espriella; prometer grupos de seguridad privada, recortar el Estado cuando es la empresa pública más grande que tiene el país.

En un país, valga repetirlo, que es el segundo más desigual del mundo, junto con Sudáfrica.

Dolarizar la economía, como si fuéramos un estado asociado a los Estados Unidos, y borrar una trayectoria de decenas de años, esfuerzos de todos los gobiernos anteriores, por mantener un país soberano en su moneda. 

Eso sin contar que este señor, De la Espriella, mantuvo relaciones durante buena parte de su vida profesional con paramilitares, narcotraficantes, estafadores y corruptos como Alex Saab, por razón de su oficio. Ver Visajes Raros.

No obstante, cada abogado escoge a sus clientes. Y De la Espriella eligió que su enriquecimiento viniera de la mano del capital de la mafia.

Más que de la derecha, Abelardo es un candidato de una ultraderecha que hasta ahora no hemos visto actuar en el Ejecutivo. Durante su campaña ha dado muestras de desprecio frente a la justicia, la Constitución y la libertad de expresión.

Estamos, claramente, frente a un autoritario al que no le importan los códigos como país y nación construidos durante siglos.

Mientras que, en toda la trayectoria del candidato Iván Cepeda no encontramos una sola decisión de su parte que no haya sido por la vía de la Constitución, las formas republicanas y un contenido político basado en el debate y la legislatura.

Tampoco encontramos denuncias en el sistema de justicia en su contra por corrupción, estafa, malversación de dineros o alguna causa en contra de la ética y la moral.

Por las dudas, para Cuestión Pública, Cepeda ha sido sujeto de investigación desde sus inicios. Ver Indiscregram.

El asocio con la guerrilla es una mala prensa, hay que decirlo. Una imagen basada en noticias falsas construidas en buena parte por el expresidente Álvaro Uribe y su grupo.

Toda esta idea de la polarización y de que él representa a la extrema izquierda, incluso dicho por el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, pues, es la disputa por la verdad de la que venimos hablando.

No creemos que Cepeda sea el candidato perfecto, creemos que tiene un desafío enorme frente a los errores y las malas decisiones del gobierno de Gustavo Petro. Sobre todo en materia de paz, de seguridad y de administración de los recursos públicos sin incurrir en corrupción, nepotismo y falta de transparencia.

Cepeda también deberá demostrarle al país que la izquierda no es el fantasma de la guerrilla ni de Hugo Chávez, como tampoco aglutina una sola forma de pensamiento: hay diversidad y disenso.

Sea como fuere, lo que intentamos argumentar aquí es simple: no hay equivalencia posible entre ambos proyectos políticos.

Para nosotras la revolución es el amor. El amor por nuestras familias. Por el placer de existir. 

Y es también desde ahí que observamos, recabamos información, hacemos reportería, investigamos y les gritamos una y otra vez: ¡Viene el lobo!

Por eso Cuestión Pública ha puesto atención especial en el candidato Abelardo De la Espriella. Y creemos, con razones que consideramos fundadas, que una eventual presidencia suya podría representar una amenaza existencial para proyectos periodísticos como el nuestro.

En este punto en el que nos la jugamos toda, le he dicho a la redacción: haremos lo mismo que los músicos del Titanic, tocaremos hasta el final.

Nuestra resistencia es y será existir sin comprometer nuestra esencia ni nuestra presencia en el mundo. 

*La Tribuna es el espacio de columnas de pensamiento de nuestros analistas y expertos en Cuestión Pública. Sus contenidos no comprometen al medio.