«A manera de caleidoscopio, este libro traza la memoria del país, honra a las víctimas, reivindica a las mujeres, reconstruye la dignidad y la justicia y deja constancia de que el monstruo sigue ahí».
Gabriela de la Parra Morales
«Es una investigación completísima e imprescindible para entender la historia de nuestras violencias y el oscuro movimiento de las fuerzas políticas y la justicia en el país».
Pilar Quintana
«En el centro del laberinto del Parqueadero Padilla se sienta una reportera brillante y valiente, comprometida con rendirle una poderosa e intachable oda a la verdad».
Ana Bejarano

Diana Salinas Plaza

(Cali, 1979) Periodista de investigación, escritora y una de las voces más influyentes en la defensa de la verdad y la transparencia en Colombia. Ha sido galardonada con el Premio Rey de España (2023), Simón Bolívar (2011, 2013, 2019, 2021), Círculo de Periodistas de Bogotá (2024) y Sociedad Interamericana de Prensa (2023).
Cofundadora de Cuestión Pública, medio independiente con enfoque de investigación rigurosa, feminista y narrativas pop. Ha trabajado en La Nación (Argentina), Noticias Uno y RCN Televisión (Colombia).
Es licenciada en Literatura (Universidad del Valle) y magíster en Periodismo (Universidad Torcuato Di Tella, Argentina). Combina el rigor investigativo con la escritura creativa, marcando un estilo único en el periodismo colombiano.
“El Minotauro de esta historia también es de nacimiento híbrido
y forma monstruosa, y se juntan en él naturalezas diferentes: narco,
militar, ganadero, político y empresario. Ruge constantemente,
mientras devora a los mejores hombres y mujeres, corrompe la política,
roba tierras y le tuerce el cuello a la justicia. Es el paramilitarismo,
las Autodefensas Campesinas de Córdoba y Urabá (ACCU),
que entonces nacían, de la mano de políticos y funcionarios que les
servían, finqueros y empresarios que los financiaban para cobrar
venganzas, y líderes indolentes y cómodos.”
“Después de años de inmersión, al fin lo vislumbré. Lo encontré
abandonado. Me permitió recorrerlo casi en soledad, sin los peligros
de un cuarto de siglo atrás. Lo transité a la par que me enteraba de
aquel allanamiento del 30 de abril de 1998. Era el mismo camino que
trazaron los del CTI de Antioquia y la Fiscalía Regional de Medellín.”









