Luna de lobo

Lo que hizo Donald Trump con Venezuela no fue un ataque político ni militar: fue un abuso de talla mundial, ejecutado con la lógica de quien viola porque puede.

Luna de lobo

(06/01/2026)

(Cali, 1979) Periodista de investigación, escritora y una de las voces más influyentes en la defensa de la verdad y la transparencia en Colombia. Ha sido galardonada con el Premio Rey de España (2023), Simón Bolívar (2011, 2013, 2019, 2021), Círculo de Periodistas de Bogotá (2024) y Sociedad Interamericana de Prensa (2023).

Por Diana Salinas.

Anatomía de un abuso. ¿Por qué es importante meditar sobre lo que hizo Donald Trump con Venezuela?

Lo que hizo Donald Trump con Venezuela no fue un ataque político ni militar: fue un abuso de talla mundial, ejecutado con la lógica de quien viola porque puede.

La imagen más representativa del acto viril es la del presidente de los Estados Unidos en su atril, quien haciendo  gala de su supremacía de macho violador, anunció el éxito de su ataque. Acto seguido, en las redes varios usuarios recordaron la frase que posteó en 2019: “God Bless the people of Venezuela!

Se lo hizo al país de América Latina más atractivo para él: un territorio con —nada más y nada menos— 303.000 millones de barriles de reservas de petróleo que le hacen ojitos.

Quien ha abusado antes, abusa otra vez cuando el poder lo protege.

En el caso de la escritora y periodista E. Jean Carroll, quien denunció que Trump la violó en una tienda de Manhattan en 1996, el agresor logró zafarse del delito de violación, pero fue condenado a pagar una multa millonaria por agresión sexual.

Trump dijo entonces que se trataba de una “caza de brujas”, que el sistema legal estaba fuera de control y que estaba siendo usado como arma política.

Quiso esconder un affair que tuvo con la estrella de cine para adultos Stormy Daniels con amenazas. En este caso, Trump falsificó documentos para silenciarla, lo que derivó en 34 cargos estatales.

En los archivos de Jeffrey Epstein, Trump aparece vinculado a una red de abuso sexual de menores al servicio de élites de poder.

No lo sabremos con certeza: los documentos donde figura su nombre fueron anonimizados. Pero hay fotos, videos y denuncias.

Por eso, repito, quien ha abusado antes, abusa otra vez cuando el poder lo protege.

El grooming político con Venezuela comenzó cuando Trump estacionó, en noviembre del año pasado, el portaaviones USS Gerald R. Ford en el Caribe.

Hubo silencio internacional. Algunos titulares, sí, pero ningún repudio regional.

Todo abuso necesita una antesala. Pues bien, aquí las señales fueron claras, a pesar de ser ignoradas.

Cuando en julio de 2024 Maduro se atrincheró en el poder tras otro fraude electoral, la grieta quedó abierta.

Ya en su segundo mandato, Trump envió mensajes violentos: deportó migrantes venezolanos al Cecot, la cárcel de Bukele en El Salvador.

Una población agotada por el régimen de Maduro creyó ver en Trump a un aliado, pese a la arbitrariedad y las injusticias documentadas.

Mientras, atacó 34 embarcaciones. Murieron 110 personas.

Fue justo ahí cuando Venezuela estaba lista para ser abusada. Trump esperó la primera luna de lobo del 2026 para atacar.

En la madrugada del domingo 3 de enero, ya se sabe,  apagó Caracas y vació el cielo. 

Para quebrar la guardia del dictador Nicolás Maduro y capturarlo de facto, todos fueron asesinados; hubo víctimas inocentes.

Trump observó en tiempo real, según él mismo comentó en rueda de prensa. 

La ciudad quedó sin energía por más de treinta horas y en total zozobra.

Lo más cruel fue que, con el paso de las horas y de los días, el miedo no se fue.

Venezuela salió de un dictador para caer en manos de un abusador: Trump.

Parte de quienes apoyaban a Maria Corina Machado confundieron estas señales de Trump con gestos de complicidad hacia ella, la premio Nobel de Paz, y a su movimiento político.

El abuso se consumó cuando Trump dejó al mando a Delcy Rodríguez: el mismo régimen, pero sin Maduro.

Habrá quienes aplaudan el acto. Millones lo ven como un salvador. Otros reconocen que no es la primera vez que Estados Unidos abusa así de un pueblo en el mundo, y que, claro, siempre nos ha tratado como el patio trasero de su casa.

Sea como fuere, el abuso siempre se consuma cuando alguien cree que el fin justifica entregarse al abusador.

*La Tribuna es el espacio de columnas de pensamiento de nuestros analistas y expertos en Cuestión Pública. Sus contenidos no comprometen al medio.