
Caliwood al rescate
(21/08/2026)
Entre las ruinas de las Torres del Limonar y los edificios de la Guadalupe, en el sur de Cali, existe un equipo de cineastas y sonidistas que usan sus equipos de iluminación y sonido para ayudar en la búsqueda de atrapados bajo los escombros. Una historia de solidaridad que parece sacada del cine.
Por Abrahán Gutiérrez N. y Lorena Ceballos.
Es la 1:30 de la madrugada del 13 de agosto del 2026. Llego a la calle 10 con carrera 72, justo donde hace tres días se desplomó el edificio Torres del Limonar. A esta hora el acceso a la zona está difícil, pero entre los cascos de bomberos y militares se vislumbra algo distinto: reflectores potentes, cables de electricidad y un equipo que no viste uniforme oficial, sino ropa de trabajo de set de filmación.

Frente a mí, este grupo de jóvenes de entre 20 y 35 años, dirige un conjunto de trípodes y luces Amaran 300C — que normalmente se usan para iluminar escenarios en rodajes de cine y que pueden llegar a costar 4 millones cada una— hacia los escombros. Es un equipo organizado: “¡Carlos, a la derecha, hacia la derecha!”, gritan desde arriba. Entonces, un joven de contextura atlética enfoca la luz hacia donde los socorristas la requieren. Él acomoda el sentido del chorro de luz y solo se detiene cuando alguien confirma: “Ahí está bien”.

Carlos Alfredo Muñoz Ibargüen —34 años, preparador físico, nacido en Buenaventura y caleño de corazón— llegó al equipo por su primo Juan José, videomaker con estudio propio. «Mi primo Juan José, tiene su estudio de filmación, y estas son las luces con las que graban videos profesionales», contó. El lunes 10 de agosto a las 7:35 de la mañana, cuando ocurrió el terremoto evacuaba un gimnasio en el sur de la ciudad. Desde entonces no ha parado.
Sobre el sentido de estar ahí, fue directo: «La impotencia de al menos hacer algo, mover un ladrillo o lo que sea, es la motivación de estar acá». Sin duda, el momento más tenso del trabajo nocturno es cuando hay que hacer silencio para ver si debajo de los escombros alguien responde: « es como el minuto de esperanza para poder ayudar a la persona».

A su lado, Yohan Infante —25 años, caleño, egresado de la Fundación Academia de Dibujo Profesional, vive en el barrio La Hacienda— es parte de un grupo de seis compañeros que trajo su propio equipo de iluminación al barrio Capri, ubicado en el sur de Cali, la zona más afectada por el terremoto. «Vimos que por la noche estaba faltando mucha iluminación en los diferentes puntos… Aprovechamos que las luces que trabajamos son bastante potentes y decidimos traerlas acá al Limonar», explicó. No son el único combo de esta industria presente en los rescates: «No solamente somos nosotros, sino que hay muchos colegas aquí en la ciudad que están ayudándonos al lado».

Juan José Concha —22 años, soltero, estudiante de Cine y Comunicación en la Universidad Autónoma de Occidente— es quien opera los esquemas de luz, el gaffer —jefe de iluminación— del grupo: es el que tira cables para llevar electricidad a las zonas más altas donde reposan las ruinas de lo que antes eran las Torres del Limonar. El día del sismo, su primera reacción fue sacar a su abuelo del edificio. Desde entonces reparte su turno entre iluminar y subir cables de electricidad para los bomberos: «¿Por qué no poder incluir el cine también, digamos, en estas situaciones, como lo viene siendo la iluminación para las personas que están apoyando para sacar a las personas que están acá atrapadas?», preguntó. Sobre lo vivido en estos días, no lo suavizó: «Hemos visto, lastimosamente, sacar a dos personas sin vida. Esto es muy fuerte, realmente. Pero seguimos con fe». Y cerró con un mensaje que repite el grupo entero: «Los caleños nos dicen que somos rebeldes, pero esta es nuestra rebeldía: apoyar, apoyarnos. Y lo estamos demostrando».

Camilo Bajaña Reyes —24 años, productor audiovisual de la misma Academia— vivió el terremoto en un piso 11 de oficina y, según cuenta, comprendió la magnitud del desastre al ver a la gente que se quedó sin nada. Su rutina ahora es la noche: pone luces y, cuando otro compañero cubre el punto, se suma para remover escombros con las manos. Sobre la ilusión de hallar personas aún vivas, fue franco: «Uno siempre trata de tener esperanza, pero viendo lo grave de la situación, uno realmente lo que espera es un milagro. Ya aquí estamos en horas milagro». Y sobre lo que lo sostiene: «Uno no puede quedarse con las manos quietas, sino que se motiva a moverse y aportar dentro de lo que pueda».
Ni Carlos, Yohan, Juan José y Camilo son bomberos, ni rescatistas o médicos. Son estudiantes y técnicos de un oficio hecho para contar historias de ficción, que esta semana lo usaron para que, en medio de la oscuridad y el polvo, alguien pudiera encontrar con vida a quien todavía se busca.
*Como periodistas, pero también habitantes de Cali, nos permitimos contar estos hechos en primera persona.






