#ElExplotadorEresTú Capítulo Epstein: Las niñas que dejaron en evidencia la pirámide de explotación sexual de un ‘simple John’

Sabemos que al menos 32 adolescentes que fueron víctimas de Epstein permitieron mapear la red de prostitución y explotación infantil destinada a ponerlas al servicio de una élite de hombres influyentes; aquí les contamos cómo funcionó. En 2008, el depredador sexual pagó una condena irrisoria por estos hechos.

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Capítulo Epstein: Las niñas que dejaron en evidencia la pirámide de explotación sexual de un ‘simple John’

Sabemos que al menos 32 adolescentes que fueron víctimas de Epstein permitieron mapear la red de prostitución y explotación infantil destinada a ponerlas al servicio de una élite de hombres influyentes; aquí les contamos cómo funcionó. En 2008, el depredador sexual pagó una condena irrisoria por estos hechos.

ADVERTENCIA

(13/02/2026)

Ana* conoció a Jeffrey Epstein en 2003. Llegó al depredador, de entonces 50 años, por medio de una compañera de colegio. Ambas asistían a una secundaria pública ubicada en el condado de Palm Beach (Estados Unidos). El punto de captadores de menores de edad que durante años alimentó su red de explotación sexual en la Florida. 

El 15 de marzo de 2005, dos años después de ese primer encuentro, la policía de ese condado comenzó a investigar a Epstein. El proceso se abrió luego de que la familia de una menor de 14 años, también estudiante de esa institución, denunciara un episodio de conducta sexual inapropiada contra la joven en su mansión. 

Fue a través de ese testimonio inicial que los investigadores llegaron a Ana, una de las 32 niñas y adolescentes víctimas de esta red identificadas por la Fiscalía del Distrito Sur de Florida. Las autoridades evidenciaron que aproximadamente entre 1998 y 2006, cuando fue capturado por estos hechos, el entonces “exitoso empresario” y “distinguido filántropo”, como lo describieron sus abogados, construyó una red de prostitución infantil con jóvenes a las cuales abusó en repetidas ocasiones, ofreciéndoles dinero a cambio de realizarle masajes.

Cuestión Pública se sumergió en los cerca de tres millones de archivos que el pasado 30 de enero liberó el Departamento de Justicia de Estados Unidos y reconstruyó el testimonio inédito de Ana y otras siete víctimas* de Jeffrey Epstein. El depredador sexual infantil que en 2019 se habría suicidado en el Centro Correccional Metropolitano del sur de Manhattan (Nueva York), donde fue recluido mientras enfrentaba otro proceso judicial por tráfico sexual y conspiración.

La sala de masajes de ‘El Brillo Way’

El 8 de noviembre de 2005 a las 2:00 de la tarde, Ana le otorgó una entrevista grabada bajo juramento a los investigadores del caso. Durante la entrevista, les contó que una compañera de colegio captada por esta red a los 16 años fue quien le propuso darle un masaje a Jeffrey Epstein por doscientos dólares. Ella no tenía experiencia, pero aceptó.

Fue así como Ana llegó a la casa de Epstein, ubicada en la 358 de El Brillo Way, conducida por una segunda compañera del colegio, quien también lo conocía. La residencia daba a una calle sin salida, bordeada por la laguna Lake Worth, a un kilómetro y medio de Mar-a-Lago, propiedad del presidente de EE. UU., Donald Trump. 

La mansión de Epstein en Palm Beach fue demolida en 2021. Crédito: Cocoran Group.

Encontramos que lo descrito por Ana a las autoridades durante los encuentros con Epstein era similar a lo que contaron otras siete víctimas que fueron captadas por su red en Palm Beach: abusos sexuales de Epstein a menores de edad cuando estas le realizaban masajes en su residencia. Según su mayordomo Alfredo Rodríguez, Epstein programaba dos masajes diarios durante su estancia allí, uno por la mañana y otro por la tarde.  

Cuestión Pública feminista decidió mostrar extractos de sus declaraciones tal como están en los archivos para garantizar la integridad del testimonio judicial y no incurrir en ediciones que puedan alterar su sentido. También para revelar los patrones de abuso cometidos por esta organización criminal que dirigía el magnate.

Una vez el masaje terminaba, las víctimas recibían el dinero. Las sumas oscilaban entre 200 y 1.000 dólares. Para entonces, Jeffrey Epstein se había instalado en la élite del poder estadounidense.

Una reciente investigación de The New York Times titulada Estafas, esquemas y fraudes despiadados: La historia no contada de cómo Jeffrey Epstein se hizo rico reveló, entre otras cosas, “cómo, en la década de 1990 y principios de la década de 2000, amasó cientos de millones de dólares a través de su trabajo para el magnate Leslie Wexner”, exCEO de la marca Victoria’s Secret.

El fallecido explotador sexual infantil Jeffrey Epstein junto a su entonces pareja Ghislaine Maxwell. Crédito: ZUMA Press.

La investigación detalla que Epstein usó este dinero para costear su vida de lujo. A finales de los ochenta adquirió su mansión en Palm Beach, la misma que convirtió en su cuartel de abusos y excesos, por 2.5 millones de dólares.

Para 2003, cuando Ana lo conoció, ya se había ido de gira por África con el expresidente Bill Clinton (1993-2001). Era un donante recurrente de campañas políticas y de prestigiosas universidades como Harvard y frecuentaba los mismos círculos de la élite de la época como Donald Trump en Manhattan. 

El medio describió que sus novias —como lo fue en un primer momento Ghislaine Maxwell, condenada a 20 años de prisión por ser cómplice de su red de tráfico sexual infantil— fueron clave en su ascenso. Y también fueron muy importantes, deliberada o involuntariamente, en la pirámide de explotación sexual que erigió.

La pirámide de «explotación» 

Durante casi 11 meses en que la Policía de Palm Beach investigó a Jeffrey Epstein (del 15 de marzo de 2005 a febrero de 2006), los investigadores identificaron, a través de 22 testimonios, el modus operandi que Cuestión Pública feminista pudo decantar a partir de la reconstrucción del archivo Epstein: 

Jeffrey Epstein: Usuario final de los servicios sexuales y masajes. Proporcionaba los fondos para los pagos directos a las jóvenes que le daban los masajes y las comisiones de captación de niñas.

Este nivel operaba dentro de las residencias de Epstein (Palm Beach, Nueva York, París, Londres, Nuevo México, St. Thomas e Islas Vírgenes) para coordinar la logística y preparar el entorno de la red. 

  • Sarah Kellen (Asistente/Coordinadora): Actuaba como el enlace principal entre Epstein y las reclutadoras externas en su casa de Palm Beach.

 ◦Función: Coordinó y ayudó en el reclutamiento de menores para para que le brindaran a Epstein servicios sexuales. Consiguió sus citas para actividades sexuales y arregló el dormitorio para dichos menores. Arreglaba la sala de masajes y escogía los aceites.

  • Ghislaine Maxwell: Identificada por el personal de la casa (Juan Alessi) como la “manager” de todas las residencias y la “novia” de Epstein, encargada de informar al personal sobre la llegada de Epstein.
  • Jean-Luc Brunel: exagente de modelos francés, complice de Epstein. Se ecargaba del transporte y del alojamiento de las jóvenes llevadas a los encuentros con Epstein. 
  • Pilotos: Transportaban a las menores de edad.
  • Alfredo Rodríguez (mayordomo de la residencia de Palm Beach)

    ◦ Función: Mantener en privado la identidad de las jóvenes masajistas. Señaló que Epstein recibía un masaje por la mañana y otro por la tarde. Además cuando llegaban, debía ofrecerles comida y hacerlas sentir cómodas.

Durante una entrevista con las autoridades sacó una carpeta verde con documentos “y una nota con membrete del Sr. Epstein con instrucciones para entregar un cubo de rosas a la escuela secundaria Royal Palm Beach después de la función de teatro de la escuela secundaria.

Menores de edad captadas por la red que tenían acceso a los coordinadores y que a su vez, llevaban activamente a otras menores a cambio de dinero y regalos.

  • Sienna (Enlace Principal): Identificada como una figura clave en el esquema investigado por las autoridades.

    ◦ Modus Operandi: Contactaba a amigas y compañeras de una escuela secundaria de Palm Beach. Les explicaba que podían ganar dinero fácil (desde $200) dando masajes.

    ◦ Transporte: A menudo conducía su propio vehículo para llevar a las chicas a la casa de Epstein.

    ◦ Incentivo: Recibía pagos no solo por sus propios “servicios”, sino comisiones por llevar a nuevas chicas.

  • Martha: Identificada como reclutadora de otras menores bajo la premisa de ganar dinero por masajes.

Las víctimas captadas en el Nivel 3 pasaban a convertirse en captadoras de otras adolescentes para obtener comisiones, expandiendo la red.

  • Ana: Captada inicialmente por una compañera del High School.

    ◦ Rol: Llevó, a su vez, a dos compañeras de escuela.

    ◦ Instrucciones: a veces ellas mismas instruían sobre cómo vestirse (“sexy”) y qué decir sobre su edad (afirmar que tenían 18 años).

    ◦ Beneficio: Confirmó a la policía que recibía $200 dólares por cada chica que introducía en la casa.

  • Celeste: entró a la red con 10 años y afirmó que había llevado a 50 niñas. Actuaba como conductora y facilitadora logística para Ana y otras, ayudando en el transporte de las menores a la mansión.

High School: Identificada en múltiples informes como el punto central de conexión social donde las víctimas captadoras (Ana y Sienna) contactaban a las nuevas víctimas (como Rosa, y otras estudiantes).

Se trataba de una suerte de pirámide que sostenían las propias víctimas. La captación de las menores solía suceder a través de la red de compañeras del colegio. El gancho preparado por el sistema perverso de tráfico sexual consistía en preguntarles si querían ganar dinero extra haciéndole un masaje a un tipo adinerado, como en el caso de Ana.

Una vez las niñas aceptaban, se concertaba una cita y eran conducidas por su propia compañera a la mansión de Epstein en Palm Beach. Condado en el que se reunió con Andrés Pastrana en 2002 y por el cual el expresidente le agradeció sus atenciones a él y a su pareja Maxwell, según reveló Cuestión Pública en Epstein, los archivos y yo: las menciones a Pastrana.

“Las jóvenes llegaban a la casa de Epstein y Sarah Kellen (una de sus asistentes) las conducía arriba, a través de una escalera desde la cocina, hasta el dormitorio de Epstein. Epstein entraba en la habitación vestido solo con una toalla y les pedía que se pusieran cómodas. Las jóvenes le daban el masaje desnudas, mientras Epstein les tocaba la vagina con los dedos o utilizaba el masajeador/vibrador en la zona vaginal. Se masturbaba durante el masaje y, al llegar al clímax, el masaje finalizaba”, se lee en el archivo de investigación**.

En ese punto operaba un mecanismo de captación característico del entramado de Epstein. Las menores llegaban atraídas por un servicio en apariencia legal —un masaje— y, tras el abuso sexual, eran recompensadas con dinero. La circulación de servicios continuaba si conseguían que otras chicas llegaran para ofrecer el mismo servicio. El agresor convertía así la vulnerabilidad económica y emocional en una herramienta de manipulación y expansión.

Las víctimas referían a compañeras de su misma escuela, de acuerdo con los testimonios recopilados por las autoridades. Dijeron que recibían “200 dólares” por cada joven que traían. Según el archivo EFTA***, Celeste, otra de las víctimas que cayó en esta red, aseguró haber llevado a 50 menores. “Epstein me influyó para dedicar mi vida a ganar dinero complaciendo sexualmente a los hombres, lejos de la vida tradicional de un adolescente de secundaria y preparatoria”. Según la información del archivo, Celeste tenía 10 años cuando empezó a abusar de ella.

Celeste* fue una de las víctimas de la red de explotación sexual infantil de Jeffrey Epstein. El 10 de diciembre de 2008 testificó ante el Tribunal 15 del circuito de Palm Beach, Florida, Estados Unidos, de acuerdo con el archivo EFTA00******. Su declaracion se enmarca en una demanda civil por prostitución infantil, una de las varias presentadas contra Epstein luego de que fuera condenado en junio de ese mismo año en el estado de Florida.

Cuestión Pública feminista decidió transcribir su declaración sin modificaciones, tal como aparece en el archivo, para garantizar la integridad del testimonio judicial y no incurrir en ediciones que puedan alterar su sentido. Solo se oculta su nombre real y el de otras víctimas mencionadas por ser menores de edad al momento de lo ocurrido.

“Me obligaron a tocar al acusado. También presencié actos sexuales y fui víctima de actos sexuales perpetrados por el acusado, Jeffrey Epstein. En varias ocasiones estuve desnuda, al igual que el acusado y otras personas. En todo momento, era una niña, menor de 18 años. El acusado también me utilizó para que le trajera a otras menores de edad y me controló y me lavó el cerebro para que creyera que este estilo de vida era saludable y normal para una chica de mi edad. Fui víctima de diversos actos delictivos y explotación sexual. El acusado me indujo y me coaccionó a ejercer la prostitución”.

En su declaración, relató cómo Epstein la introdujo en una red de explotación infantil cuando ella tenía apenas 10 años y las secuelas psicológicas que quedaron tras el abuso sistemático.

Aunque las jóvenes no dejaban de ser víctimas, sí terminaban siendo instrumentalizadas dentro de la propia dinámica de explotación. La estructura las empujó a desempeñar un rol de captación que garantizaba el silencio mediante la culpa, el miedo y la dependencia, desplazando la responsabilidad hacia las propias menores y rompiendo posibles vínculos de apoyo entre ellas.

El procedimiento funcionó como el andamiaje de una pirámide de explotación sexual: en la base, niñas y adolescentes abusadas; en niveles intermedios, víctimas coaccionadas para captar a otras; y en la cúspide, el hombre adulto de cincuenta años —de una élite inalcanzable para ellas—, que concentraba el poder y el beneficio, protegido por un entorno social, económico y judicial que permitió que el sistema se sostuviera en el tiempo.

Una pirámide de explotación sexual típica y patriarcal. Lo que ha encontrado Cuestión Pública feminista con esta inmersión realizada en el archivo Epstein es que las estructuras son las mismas que operan en Colombia. En la investigación El Explotador eres tú, se puede rastrear el mismo modus operandi, solo que en una capa de la sociedad popular antioqueña. 

Fue gracias a este esquema que la defensa de Epstein pudo evitar que el Distrito Sur de Florida —que llevaba la investigación y que manejaba los delitos federales— no llegara con unas penas severas. Lo que generó que el proceso judicial devolviera el caso al estado de la Florida para conseguir una sentencia más favorable para el agresor.

«Un simple ‘John’»

Su defensa estuvo a cargo de Kirkland & Ellis LLP, uno de los mayores bufetes del mundo. La estrategia, expuesta en una carta al fiscal del Distrito Sur de Florida, buscó desestimar la edad real de las víctimas. 

 “El Sr. Epstein solicitó específicamente que cada masajista tuviera al menos 18 años. Además, la mayoría de las mujeres que han testificado que eran menores de 18 años han admitido específicamente haberle mentido formalmente al Sr. Epstein sobre su edad”, se lee.

Lo que queda en evidencia con los testimonios de las víctimas es que parte de la pirámide de explotación sexual era crear la fantasía de que Epstein no sabía que eran menores. Pero cuya consigna para las víctimas que pasaban a ser captadoras era encontrar amigas que pudieran mentir frente a su minoría de edad. Una corrupción a la cual ellas mismas eran inducidas. 

Por otro lado, la defensa se enfocó en desestimar la gravedad de la sistemática conducta sexual de Epstein. “La mayoría de los masajes eran solo eso y nada más (…) A veces, las masajistas estaban en topless y podía haber actividad sexual, principalmente masturbación por parte del Sr. Epstein”.

Fragmento de la carta de la defensa de Epstein durante su proceso judicial. La imagen de la traducción en español fue generada con la ayuda de inteligencia artificial.

Los abogados concluyeron su defensa con esta línea final: «Finalmente, el Sr. Epstein no coaccionó, ni esclavizó, ni traficó, ni obtuvo ningún beneficio de su conducta sexual. Era un simple “John”, no un proxeneta».

El expediente EFTA00**** evidencia lo contrario: mientras esa versión era presentada ante la justicia, la organización criminal de Epstein utilizó recursos para encubrir los delitos, intimidar a las víctimas y ocultar o destruir pruebas, además de realizar pagos y entregar obsequios para disuadirles de denunciar y cooperar con las autoridades.

El favorable contexto en el que se desarrolló aquella carta es clave. En mayo de 2006, la Policía solicitó presentar cargos graves contra Epstein por actos sexuales ilícitos contra menores. Sin embargo, dos meses después, un gran jurado de la Florida los desestimó y presentó cargos menores vinculados a prostitución.

Lo que sucedió a continuación se constituyó para las víctimas y sus defensores en uno de los mayores fracasos del sistema de justicia criminal de Estados Unidos.

El 30 de junio de 2008, Epstein, entrampado como un ‘simple John’ por sus abogados, logró evadir cargos federales y se declaró culpable de solicitación de prostitución y proxenetismo de menores, pero evitó cargos federales. Fue condenado a 18 meses de prisión —de los que cumplió unos 13— con permisos para salir a trabajar. Un acuerdo secreto con las autoridades le garantizó no ser procesado de nuevo, sin que las víctimas fueran informadas.

Al mes siguiente del encuentro, en diciembre de ese año, la oficina del fiscal Alexander Acosta, que llevaba el caso, le envió una carta notificando de la condena a las víctimas. Les informó que Epstein solicitó ingresar al programa de libertad condicional para trabajar en la Oficina del Sheriff del Condado de Palm Beach y que la entidad aprobó la petición. 

La información llegó cuando Epstein ya había sido puesto en libertad condicional. “Nuestra Oficina nunca fue notificada de la solicitud del Sr. Epstein y solo nos enteramos de su liberación más de seis semanas después de que comenzara a participar en el programa”, señaló. “Mis mejores deseos para unas felices fiestas”, concluyó el fiscal.

Correo de notificación del fiscal Acosta el 12 de diciembre de 2008. Este correo fue traducido usando inteligencia artificial.

Sin embargo, fue el mismo Acosta quien negoció la extraordinaria y muy favorable sentencia con los abogados de Epstein. Según informó el medio estadounidense The Miami Herald, “para evitar repercusiones importantes”. Así se cerró la puerta de la investigación federal de uno de los depredadores sexuales más poderosos que ha tenido Estados Unidos.

Lo que se convirtió de facto en impunidad. La negociación a puerta cerrada con el fiscal Acosta demostró el poder del que gozan los depredadores sistemáticos como Epstein, hombres millonarios ubicados en la cúspide de la pirámide de la explotación. El abusador quedó libre y siguió extendiendo sus redes de abuso infantil en aguas internacionales hasta su segunda captura el 8 de julio de 2019. 

*Cuestión Pública feminista modificó el nombre real de todas las jóvenes para proteger la identidad de aquellas que decidieron permanecer en el anonimato.

** La publicación íntegra de estos testimonios responde a un criterio periodístico y feminista: hacer visibles las tácticas de captación, manipulación y control que operaron contra las víctimas. No buscamos exponer su dolor, sino revelar las estructuras de poder que lo hicieron posible, aportar a la memoria social y judicial dada la impunidad del caso, y contribuir a que otras mujeres y niñas puedan identificar y denunciar patrones similares de abuso.

*** Le agregamos asteriscos a los archivos del caso Epstein para evitar exponer a las víctimas cuyos nombres no están ocultos en todos los documentos encontrados.