Marcha silenciosa en rechazo a la masacre en El Paso, Texas en agosto de 2019. Foto de Michael Chow - The Republic

(23/04/2021)

Sebastian es abogado de la Universidad Nacional de Colombia y tiene un máster en periodismo de la Universidad de Columbia Británica. Su trabajo se enfoca en las relaciones entre el periodismo, libertad de expresión y sistemas políticos.

Por: Juan Sebastián Salamanca

Parte de las teorías conspirativas de la ultraderecha estadounidense perdieron fuerza este año: la que decía que Bill Gates implantaría un chip a través de la vacuna del COVID, o que Trump estaba luchando contra una secta satánica de pederastas que controlan el mundo (Qanon), o que simplemente el COVID no existía y era un invento para instaurar el nuevo orden mundial. Pero esas teorías están siendo sustituidas por otras que aseguran que detrás del incremento en la migración existe una alianza entre cárteles de la droga, pederastas, políticos liberales y activistas de derechos humanos.

El objetivo -según la conspiración- es reemplazar la población blanca estadounidense por una de piel más oscura. 

Desde Latinoamérica debemos prestar atención pues los nacionalistas blancos estadounidenses están enfocando su mirada en la región. En las últimas semanas han posicionado el mito de la “invasión hispana” en el centro de la conversación pública en los Estados Unidos. 

Hay que ver cómo algunos medios y políticos están ajustando su agenda. Breitbart News creó recientemente la sección “Biden Border Crisis” dedicada a publicar imágenes insensibles de personas migrantes recién detenidas por la patrulla fronteriza. Por su parte, War Room -el Podcast del ex asesor de Trump, Steve Bannon- está destinando buena parte de sus episodios a hablar de la frontera. El 23 de marzo Bannon aseguró que las ONGs que apoyan migrantes reciben “apoyo financiero del Estado para beneficiar a los traficantes”. 

Por su parte Stephen Miller, responsable de la política migratoria de Trump insinuó el 6 de abril en FOX News que Biden estaba entregando los niños migrantes al crimen organizado. “Si los cárteles de la droga pudieran votar, lo harían de manera unánime por Biden”, aseguró. 

Vigilia al frente del centro comercial en donde sucedió la masacre en El Paso: Foto de Jhon Locher. Tomada de: Insider

Los extremistas saben que no existe tal pacto entre Biden, carteles y ONGs para traficar con migrantes, pero igual lo dicen pues para ellos esto sirve a una causa justa: impedir el “genocidio blanco” o el “gran reemplazo”. Esta conspiración asegura que el incremento del flujo migratorio de personas con piel oscura hacia Europa y Estados Unidos conlleva el fin de la existencia de la civilización occidental. 

La periodista investigativa Jean Guerrero explica que esta teoría se inspira -en parte- en un libro llamado “El Desembarco” de Jean Raspail que describe un mundo distópico en donde la llegada de refugiados negros y mestizos destruyé la sociedad blanca que los acogió. El asesino de 23 personas en El Paso, Texas, en agosto de 2019 citó el libro en un manifiesto que escribió antes del ataque. “Este ataque es una respuesta a la invasión hispana de Texas,” dijo el asesino.

Cuatro meses antes, un supremacista blanco en Chirstchurch, Nueva Zelanda, asesinó a 51 personas en dos mezquitas. Al igual que en El PASO, el asesino defendía la idea del “gran reemplazo” y era un lector asiduo de El Desembarco.

Por lo general ese tipo de ideas circulaban solo entre los foros y páginas web marginales. Pero el gran reemplazo llegó a la televisión abierta estadounidense  en horario prime time. El pasado 6 de abril, Tucker Carlson, presentador de Fox News, realizó una defensa en vivo de estas ideas: “El partido demócrata está tratando de reemplazar el electorado actual (…) con nueva gente, votantes más obedientes del Tercer Mundo”. Según él la llegada de migrantes de México y Centroamérica le quita sus derechos como votante.  

Y esta misma conspiración llegó al congreso de los Estados Unidos. La representante por Georgia, Marjorie Taylor Greene está creando un “grupo parlamentario Anglosajón”. La idea es supuestamente defender el pensamiento, ideas, estética y arquitectura anglosajona frente a la amenaza de la migración masiva. 

Desde Latinoamérica la mentira del genocidio blanco es difícil de combatir cuando la frontera se percibe como un asunto de política interna estadounidense. Valdría la pena saber por qué dejamos de lado debatir las formas en que los supremacistas moldean la percepción que los estadounidenses tienen de nosotros.

Stephen Miller haciendo un gira por medios de comunicación afirmando que los carteles de la droga apoyan a Biden.

Los gobiernos de Latinoamérica tampoco han sido de ayuda frente a la desinformación. El en caso de México, durante sus dos primeros dos años, López Obrador estrechó lazos y elogió a un gobierno integrado en parte por los mismos supremacistas que ahora invocan la “invasión hispana”. Obrador no reconoce a las organizaciones de derechos humanos que prestan asistencia humanitaria a migrantes y a las que acusan de trabajar con carteles y traficar con niños. 

En Colombia aunque es evidente la simpatía del centro democrático por el partido republicano, aún hace falta examinar qué nexos existen entre los supremacistas blancos estadounidenses con la coalición de gobierno criollo. No hay que olvidar que Cuestión Pública denunció como un abogado colombiano -conocido por su simpatía con el pensamiento Nazi- fue contratado recientemente por el Ejército para dar clases y entrenamiento a sus integrantes. 

No podemos pasar por alto la manera en que nuestros gobernantes se relacionan con los supremacistas, mucho más ahora que su estrategia apunta a presentar a quienes habitamos al sur del Rio Bravo como la amenaza más directa a su existencia. 

 

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