(20/09/2020)

Tres monólogos sobre un hombre que añoró volver a casa

Para la reconstrucción de esta historia participaron las voces de Osmary Estrada, hermana. De Mari Carmen Espinoza, madre. Y de Cristian Ramírez, amigo.

No tenía el corazón para avisarle a mi mamá, así que llamé a un tío y luego esperé al día siguiente para ver si era verdad o era mentira. Lo corroboré con un video y unas fotos que me pasaron de mi hermano caído con los impactos de bala y fue ahí donde realmente creí la noticia. Me desesperé. No lo creía, no lo creía, de verdad.

A Anthony le gustaba Bogotá por el clima, por el ambiente, la gente que conocía. Se sentía como en su casa pero lamentablemente sucedió lo que sucedió y nos está doliendo… Porque, aunque ahora esté hablando de esto, no lo creo. A pesar de que lo vi y de que reconocí el cuerpo, no lo creo.

En el momento en que él emigró, y aún hoy, en Valencia, Venezuela, estaba difícil la situación económica. El transporte se le dificultaba y el sueldo mensual que ganaba no le daba sino para un día de comida. No podía seguir allá porque necesitaba alimentar a su hijo de tres años, comprarle la compota y los pañales. Anthony se fue para hacer algo por su hijo, los sueños que tenía planteados eran para el niño, no para él. 

Y no es por que sea mi hermano, pero te digo que nadie me ha dicho que él andaba en malas cosas, no. Más bien todos quedaron sorprendidos de la tragedia que pasó. Él era una persona trabajadora y luchadora.

Él ya tenía amistades en Soacha, se la llevaba bien con la gente de ahí, mucha gente lo apreciaba. Gracias a Dios mucha gente lo quería. Empezó trabajando en un restaurante, llevando los almuerzos a las mesas. En una tienda de frutas y verduras era el repartidor de papas. Decidió cambiar porque trabajaba mucho y se le presentó otra opción vendiendo vidrios templados de celulares, precisamente de ese trabajo es que estaba regresando esa noche. Yo hablaba con él todos los días. Desde la mañana un “buenos días, hermano” y en la noche, un “¿cómo llegaste, cómo te fue?” 

Eran ya las 9 p.m. y solamente apareció un chulito en nuestro chat de WhatsApp. En vista de que no me respondió lo llamé y el teléfono sonaba apagado. En eso es cuando yo veo las noticias de las protestas. A las 10:49 p.m. le volví a escribir y le mandé una carita seguida de la pregunta: “¿Qué había pasado?”, pero no tuve respuesta de él hasta la 1:09 a.m. cuando me dieron la noticia. Me la dio uno de los antiguos jefes de él, me dijo que a mi hermano le habían dado dos impactos de bala, que él estaba cerca de la Estación de Policía y quedó atrapado. Prácticamente quedó al frente. Los amigos se encontraban consternados y hay una grabación donde dicen: «¡Mira fueron los policías!» y ahí lo montan en un vehículo.

Me dijo que a mi hermano le habían dado dos impactos de bala, que él estaba cerca de la Estación de Policía y quedó atrapado. Prácticamente quedó al frente. Él cayó en el otro andén del CAI.

[Un video publicado en las redes sociales muestra como dos minutos después de que los policías disparan, un vehículo de transporte de vidrios pasa frente a la estación de Policía. Otro video muestra los cuerpos de Cristian Andrés Hurtado y Anthony en el platón del vehículo en movimiento. El primer video muestra cómo dos policías se acercan al trote y hablan con el conductor del vehículo, que luego de ser interpelado por los policías maneja y se detiene hasta donde varios agentes de policías rodean un cuerpo. El video muestra cómo agentes de policía suben el cuerpo al vehículo. Alrededor de siete minutos después, luego de que la cámara ha estado filmando en otra dirección, quien graba el video dice en voz alta: “Y bueno la camioneta la entraron fue a la Estación porque la camioneta ni siquiera arrancó. Otro legalizado, y ahí queda la situación en este país.”]

Se ve que es un vehículo donde transportan vidrio pero no se sabe de quién es y por qué no hubo una ambulancia para prestar los servicios médicos. A nosotros tampoco nos han dado un informe en el Hospital Cardiovascular y no aparece una hora de defunción, una hora de fallecimiento. ¿Llegó vivo, qué atenciones médicas le dieron o llegó ya fallecido? O sea, muchas preguntas que todavía no tienen respuesta y las esperamos.

¿Llegó vivo, qué atenciones médicas le dieron o llegó ya fallecido? O sea, muchas preguntas que todavía no tienen respuesta y las esperamos.

Me parece injusto, no sé si porque era extranjero o porque no tenía EPS, que me lo dejaron tirado en el cementerio municipal, en el patio sin ninguna refrigeración. Cuando voy yo a reclamar el cuerpo a Medicina Legal resulta que nos dicen que el cuerpo estaba descompuesto en el 70%, o sea que a él en ningún momento me lo metieron a refrigeración, me lo dejaron ahí.

Después de eso nos hicieron pasar a los familiares que estábamos para que lo viéramos antes de que sellaran todo. Lo velamos a urna cerrada, porque ya no tenía arreglo para acomodarlo.

Una silueta dibujada por habitantes del sector
muestra el lugar en donde cayó el cuerpo de
Anthony luego de recibir dos impactos de bala,
frente a la Estación de Policía de Ciudad Verde,
Soacha.
Un vendedor ambulante pasa frente a la Estación
de Policía de Ciudad Verde, Soacha, desde donde,
según testigos, miembros de la Policía habrían
disparado balas hacia los manifestantes.
La esquina donde Anthony Gabriel Estrada trabajó
vendiendo vidrios templados para celular durante
los últimos meses. De regreso a casa se topó con la
manifestación y fue impactado por dos balas
aparentemente de la Policía.

*** 

Me levanté y mi hermano me escribió por Whatsapp. Me dijo que necesitaba hablar con Juvenal, con mi esposo. Él vino de la sala, entró al cuarto y le dije: “amor, mira, Richard me escribió que necesita hablar contigo”. Él contestó que ya estaba hablando por el otro teléfono, pero que le prestara el mío porque tenía mejor recepción. Se lo di y se fue a hablar a la calle. Cuando regresó tenía una cara de mucha angustia, de mucha preocupación. Yo le quité el teléfono y le dije que tenía que salir temprano. Él dijo: “amor, tú sabes que nosotros estamos preparados por la palabra de Dios, ¿verdad?”. Le dije: “¿qué te pasa?, estás hablando raro”. Me contestó: “que a Anthony lo mataron en Colombia”.

Anthony era mi único hijo varón. Tenía 28 años. Era un joven emprendedor, carismático, respetuoso, luchador. Entró la pandemia y aunque yo quería ir a Bogotá con su esposa y su hijo no pudimos viajar, nos quedamos del lado de Venezuela. Y bueno… lamentablemente ahora me tocó ir a conocer Bogotá, a conocer el sitio donde mi hijo se residenciaba. No pensé que el último adiós fuera el que nos dimos hace dos años, cuando entonces se despidió y me prometió volvernos a ver pronto. “Mami, pronto nos vamos a volver a ver”. 

El día que me dieron la noticia comenzaron a aparecer varias amigas que nos ayudaron a recopilar el costo de los pasajes, porque aquí en Colombia todo se mueve en pesos y no teníamos el dinero para salir de allá de Venezuela. Para llegar tuvimos que pasar la frontera por trocha y gracias a Dios no pusieron ‘pero’ ni nada. Luego llegué a Bogotá 24 horas después de haber salido. Todo un día viajando. 

Al llegar a Bogotá me encontré con mi hija, que fue la que tomó la batuta porque llegó primero. Me dieron la noticia que fue en un disturbio por los policías que estaban disparando en el CAI. Y yo dije: “Dios mío no puedo creerlo porque es que mi hijo, nunca, nunca, pero ni en Venezuela, con todo lo que ha pasado, él se metía en disturbios”.

Dios mío no puedo creerlo porque es que mi hijo, nunca, nunca, ni en Venezuela, con todo lo que ha pasado, él se metía en disturbios.

Entonces comenzaron a explicarme que no, no era que él estuviera metido en el disturbio. Estaba ahí por mala suerte, porque tenía que pasar para poder llegar a donde estaba residenciado.

Para mí eso fue sorprendente porque uno conoce lo que tiene como familia. Nosotros siempre conversábamos todos los días. Siempre me mandaba mensajes: “Dios, mamita, buenos días: ¿cómo estás, cómo amaneciste?”. Y el día anterior que había hablado con él me dijo de sus deseos de regresar: “bueno mami, si no consigo una habitación para vivir solo, me voy”. Teníamos el plan de reunirnos nuevamente como familia. Yo le decía: “papi tú por allá, nosotros por aquí, tu hermana también”.

Me pidió que le diera tiempo. “Dame quince, veinte días para terminar de reunir algo y me devuelvo”, me dijo.  La visión que teníamos era que ellos pudieran hacer un hogar como toda familia, como toda familia desea hacer. 

A veces veo cómo ese tipo de gente se ensañan contra los ciudadanos, como si en vez de ser amigos fuéramos enemigos y tildan a todos de la misma condición. Yo siempre admiré a la guardia y la Policía, pero ¡ah! se supone que están para que te protejan y te resguarden.

¿Se creen Dios, el señor de la vida y la muerte?, ¿cómo le quitan la vida a seres humanos que no tienen que ver nada con nada? Deberían tener precaución… que vengan a quitarle la vida a los jóvenes, a un padre de familia, dígame… un joven que dejó un niño, que dejó a la esposa. No entiendo, de verdad. 

Nada le va a poder devolver la vida a mi hijo. Hoy lo que hay es maldad, codicia, avaricia, flojera. No hay misericordia de parte de los seres humanos con el otro. ¿Qué puedo decir? Estoy desconsolada.

*** 

Cuando llego a la Estación de Policía de Ciudad Verde un policía me dice con una sonrisa muy cínica, muy despiadadamente: “Ya iba muerto” y se rió.

Ya se lo habían llevado a la Clínica Cardiovascular. Entonces me alisto para ir pero no pasaban buses. En el camino, la policía estaba parando a todos los carros y a mí me bajaron de dos. Por eso no pude llegar esa noche. Al día siguiente madrugué para irme a la clínica y le digo a un guardia que el muchacho está como NN* porque yo tenía los papeles de él.

En la Fiscalía me mostraron las fotos de él, pero a él no me lo muestran. Los disparos fueron al lado izquierdo, al costado del hombro y otro en el abdomen, ese prácticamente le destrozó el pulmón.

Un policía me dice con una sonrisa muy cínica, muy despiadadamente: “Ya iba muerto” y se rió.

Ese día yo fui testigo de que él entró más o menos a las 7 a.m. y me entregó su puesto entre las 9:00 y las 9:30 p.m., o sea iba cansado. Yo no trato mucho con las personas, pero Anthony me supo llegar. Era muy colaborador y no solo conmigo sino con todas las personas que lo rodeaban, por eso le cogieron mucho aprecio.

Él nunca tuvo problemas de orden público. No más el año pasado cuando hubo protestas se quedó en la casa guardado. Cuando supuestamente iban a meterse a los conjuntos yo era uno de los que lo defendió, porque esa noche él se quedó en casa acostado.

*CAI: Comando de Acción Inmediata.
*NN: Sin Nombre.

Técnica y tratamiento: Los monólogos de esta historia fueron construidos a través de entrevistas telefónicas y presenciales. Los testimonios brindados por los familiares, testigos y profesionales entrevistados recibieron un tratamiento de edición de estilo.
Fecha de las entrevistas: Miércoles 16 (7:20 pm – 8 pm), Jueves 17 (10:00 am – 11:00 am)
Lugar de las entrevistas: Barrio Ciudad Verde, Soacha. Telefónicas.
Autor: Tomás Mantilla Lozano (@MantillaTomas).

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