«Me he podido levantar de las cenizas»: Deyanira Gómez
Quiero alegría, quiero un gran vacilón
No quiero llanto, tristeza ni dolor*
Dos niños y seis maletas. «Eso fue todo lo que logré sacar de Colombia: dos niños y seis maletas», recuerda Deyanira Gómez Sarmiento.
Pero, antes, un pequeño contexto. La médica tuvo que huir del país luego de que le entregara a la Corte Suprema evidencia de que su entonces pareja, el exparamilitar Juan Guillermo Monsalve, estaba siendo presionado por Diego Cadena, abogado de Álvaro Uribe, para cambiar su testimonio en favor del expresidente. Años atrás, Monsalve había denunciado que el Bloque Metro de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC) había nacido en la Hacienda Guacharacas, propiedad de la familia del exmandatario.
Siendo su pareja, Deyanira acompañó a Monsalve en la consecución de evidencias para la Corte Suprema de Justicia, justo cuando el alto tribunal investigaba al entonces congresista Iván Cepeda (hoy candidato a la presidencia).
Todo esto inició en 2012 por una denuncia del expresidente Uribe, en la que buscaba que Cepeda se retractara de las columnas realizadas con el testimonio de Monsalve sobre el Bloque Metro.
Casi seis años después, la médica ingresó como protagonista a esta historia. Cuestión Pública Feminista ha identificado su participación en tres actos principales, sucedidos entre febrero y abril de 2018. El primero sucedió cuando ella hizo llegar a la cárcel La Picota un reloj espía para que su pareja pudiera tener pruebas de las presiones que estaba recibiendo por parte de personas allegadas al expresidente.
En el segundo acto, Deyanira radicó ante la Corte Suprema una carta de retractación de su marido, que desvelaba las presiones. Y por último, pero no menos importante, citó al abogado Cadena en un Dunkin’ Donuts para grabar su conducta en busca de la rectificación de Monsalve. Grabación que coordinó el alto tribunal.
Fue así como Deyanira y Juan Guillermo entramparon a los cazadores de testigos a favor del expresidente Uribe y consiguieron las pruebas.
Cuando Cadena le habló a Uribe del papel de Deyanira, su vida se partió en dos y no tuvo más opciones que irse del país con sus hijos porque iban a matarla.
Su papel en el caso sirvió para que la justicia condenara en primera instancia al expresidente Uribe por manipulación de testigos y soborno en actuación penal. Aunque en la segunda instancia, Uribe logró la absolución.
Nada de esto le quitó a ella su lugar en la historia de la justicia de Colombia. Ella se convirtió en una Histórica. Casi diez años después, desde el exilio, Deyanira reconstruyó para Cuestión Pública Feminista lo que vino después: las persecuciones, las amenazas, el destierro forzado, la campaña de difamación y el precio de quedar en la mira del poder del expresidente Uribe.
Los relojes espía
Entre 2011 y 2012, Deyanira conoció a Juan Guillermo Monsalve en la cárcel La Modelo de Bogotá, donde trabajaba como médica. El exparamilitar pagaba una condena por secuestro extorsivo. Un año después se volvieron pareja y de allí nació su segundo hijo.
Para entonces, alias Guacharaco, ya había denunciado al entonces congresista Iván Cepeda que el Bloque Metro de las AUC se había fundado en la Hacienda Guacharacas.
¿Y por qué su testimonio era tan clave? Primero, porque él era el hijo del mayordomo de esa propiedad. Creció en la finca y luego pasó a formar parte de ese grupo paramilitar. Segundo, porque su declaración fue recibida por la Corte Suprema en medio de la denuncia de Uribe contra Cepeda por supuestamente ir a las cárceles a comprar falsos testigos para incriminarlo por paramilitarismo.
Por eso, presentar una retractación de Monsalve era crucial para que la defensa del expresidente pudiera sostener ante la justicia la acción contra Cepeda. En ese contexto, Uribe contrató al abogado Diego Cadena.
Los cazadores de testigos del expresidente, liderados por Cadena, empezaron a moverse para conseguir el cambio de testimonio de Monasalve en La Picota. Y es allí donde entró Deyanira, que nunca antes había estado vinculada a ningún proceso judicial.
«Él me dice: “Mire, me están ofreciendo esto, esto y si yo no grabo, va a ser mi palabra contra la de ellos”, y pues una palabra de un delincuente como Juan [Guillermo] contra la palabra del doctor Álvaro Uribe o de Cadena va a ser nada. “Entonces él me dijo: Yo tengo que grabar”», relató Deyanira a Cuestión Pública.
Y así fue. Ella consiguió dos relojes espía. «Yo realmente no había tenido jamás en mi vida ningún problema judicial y mucho menos con una figura política como Álvaro Uribe. Pero le dije: “Okay, no hay ningún problema. Yo lo apoyo y yo lo voy a acompañar en todo hasta que me sea posible”».
Deyanira, que no sabía que en menos de seis meses iba a salir huyendo de Colombia, consiguió ambos relojes por internet y se los hizo llegar a su entonces esposo con dos abogados de confianza. Monsalve estaba recibiendo muchas presiones para cambiar su testimonio. Pero el más insistente fue el abogado Diego Cadena, conocido como el «aboganster».
Por esos días, había pactado con Monsalve enviar una carta a la Corte Suprema diciendo que todo había sido una campaña del congresista Cepeda en contra del expresidente. El exparamilitar le dijo a Cadena que primero se reuniera con su esposa, Deyanira. Para eso, ella citó a Cadena en el Dunkin’ Donuts el 5 de abril de 2022.
«Yo me senté cuando veo llegar a Diego Cadena en un traje y corbata superclass, con una gabardina, y lo primero que hace es estirar su brazo para mostrarte que tiene un súper reloj puesto y dice: “Yo soy Diego, el abogado de Uribe”. Ahí ves a todos sus escoltas divididos en todo el lugar como si hubiera llegado Al Capone. ¿Y yo? Estaba sola. Sentada en una mesa sola».
Ella, en efecto, lo grabó. Él, en efecto, lo notó. Pero antes de esta reunión, la carta ya había sido instaurada por Deyanira ante la Corte Suprema.
«Lo que desconocen los cazadores de testigos, es que, dos días antes de esa reunión, Deyanira Gómez radica en la Corte Suprema, la carta [de Monsalve] con una nota aclaratoria», relató Diana Salinas, la autora de El laberinto del Parqueadero Padilla.
Aquella carta tenía un giro de película. Aunque decía lo que el abogado Cadena y Pardo Hasche —un preso que estaba en el mismo pabellón donde estaba Monsalve— le habían dictado, al final había escrito una aclaración muy importante:
«Esta carta la hago bajo precion [sic] del abogado Diego Cadena y Enrique Pardo Jacher [sic] “alias el gringo”, quienes fueron enviados por [sic] expresidente Álvaro Uribe. ATT: Juan Monsalve».
Aquella jugada pareció un tiro con silenciador, preciso e invisible. Deyanira, Monsalve y la Corte Suprema dispararon al tiempo. Boom.
En la mira
«Ser visible para Uribe me costó salir de Colombia». «Ser visible para Uribe me costó salir de Colombia». Sus palabras retumbaron como un eco sordo cuando fue entrevistada para Históricas, un proyecto original de Cuestion Pública Feminista que narra las historias de las mujeres que han hecho historia en la justicia en Colombia.
¿Y cuándo se volvió visible Deyanira Gómez para Álvaro Uribe?
La respuesta estaba en los archivos de Cuestión Pública. El 8 de abril de 2018, tres días después de verse en el Dunkin Donuts, el expresidente Uribe le preguntó a Cadena por Deyanira. Así lo registraron las interceptaciones a su línea telefónica.
—Álvaro Uribe: Hombre, y una pregunta: ¿por qué usted tuvo esa cita con esa señora [Deyanira Gómez]?
—Diego Cadena: Porque él [Monsalve] me pidió que recibiera el documento de la señora. Me dice: «Venga, para que no esté, que la gente empieza a preguntar, que por qué viene usted; yo mejor se lo envío con mi esposa en la visita del fin de semana». Y así fue, la señora me cita el jueves y me dice: «Veámonos el jueves para entregarle el documento». Eso fue todo.
—Álvaro Uribe: Y la señora, ¿dónde trabaja en Bogotá?
—Diego Cadena: No sé, presidente, no sé dónde trabaja, me dijo que era médico, decente, bien hablada, no sé más de ella […].
La pregunta de Uribe por su lugar de trabajo no se puede olvidar. Dos días después, en otra conversación con Cadena, el expresidente preguntó de nuevo por ella.
—Álvaro Uribe: Oiga, Monsalve, ¿la mujer lo ha vuelto a llamar?
—Diego Cadena: No me ha vuelto a llamar, pero, presidente, lo que yo le dije el otro día, yo leí, ese señor, mientras hablábamos, y pienso que el señor tiene toda la disposición para retractarse, pero la esposa fue la que no lo dejó porque a mí no me coinciden las cosas. De un señor decirme: «Véase con mi esposa, que ella le entrega un documento, y la esposa me sale con una versión totalmente diferente».
—Álvaro Uribe: Cuidado con eso, mucho cuidado con esa mujer de Monsalve, que, por lo que me dijo usted, me parece una mujer muy peligrosa.
A los cuatro días de esa conversación asesinaron a Carlos Areiza, un exparamilitar que había declarado en el proceso contra Uribe. El olor a muerte estaba en el aire. Tres semanas más tarde llegó su carta de despido. El 2 de mayo de ese año, Coomeva, donde llevaba seis años trabajando, le pasó su carta de terminación del contrato. Uribe se encargó de difundir la noticia falsa de que había sido por «desempeño laboral», pero la misma misiva señalaba que había sido sin justa causa.
Los siguientes tres meses previos al exilio fueron un infierno.
¡Corre!
«Yo creo que la Corte oye cuando Cadena le dice a Uribe: “Hay que saber quién es ella y qué es lo que hace. Inmediatamente la Corte me monta un esquema de seguridad y a los poquititos días comienzan las persecuciones”», relató.
A Deyanira le asignaron un esquema pequeño. Pero cuando la violencia y la persecución escaló, la Corte Suprema solicitó ampliarlo. Ella cuenta que un tipo en una moto golpeó su carro mientras se transportaba por la ciudad con sus escoltas. «Pienso que estaba probando si era blindado». En otro momento, mientras fumaba un cigarrillo junto con los escoltas, un hombre vino directo hacia ella y tuvo que subirse al carro de inmediato.
La Fiscalía le ofreció entrar al programa de protección de testigos. «Y realmente, discúlpame la palabra, es una mierda». Dijeron que la cambiarían de ciudad, que meterían a sus hijos a un colegio público, que no podría salir ni a hacer mercado, que ya no podría comunicarse con su familia y que cada ocho días vendría a verla un funcionario del Estado. Y si después de un tiempo el nivel de riesgo se reducía, le quitaban el esquema. Deyanira declinó esa posibilidad mientras aumentaba el miedo punzante y la certeza de que en cualquier momento podrían matarla.
Después observó a un supuesto habitante de calle frente a su casa. En julio de 2018 la situación fue insostenible. Los días antes de dejar Bogotá, tuvo que dormir junto a sus hijos y con un esquema preparado ante una arremetida violenta. La Acnur la ayudó en el proceso y, sin mayores avisos, pudo salir del país.
Eran ella, sus dos hijos y seis maletas.
«Todo se terminó para mí»
«Yo salí a un país primero y en ese país estuve casi un mes; allí me enviaron a una casa fiscal», contó. Llegó a una residencia alejada en medio de las montañas donde difícilmente podía ser ubicada. No había internet ni teléfono, ni gente alrededor.
Después viajó al lugar donde ha vivido los últimos ocho años. Llegó a un país desconocido. Atrás quedaba la doctora Deyanira, con una hoja de vida hecha a pulso, que tantas vidas había salvado en brigadas médicas y luego en las cárceles de Bogotá. Así como su familia y el presente que había construido.
Duró dos meses sin salir de casa, salvo para comprar comida. «Ni sabía cómo pedir las cosas porque no sabía el idioma. Lo único que hacía era colocar el traductor de celular y colocar el mensaje y, si alguien lo leía, ah, sí, venga». Trabajó en lo que saliera. Algunas veces incluso haciendo aseo para tener algo de dinero y que los niños no se acostaran sin comer. Su círculo se redujo a sus hijos y ella.
«Todo se terminó para mí». Tuvo que aprender a hablar otro idioma desde cero. Sus hijos no lo entendían. Lloraban, querían regresar. Este duelo del destierro lo comprenden quienes se van en condiciones de exilio, porque cargan sus raíces con el corazón descolgado de dolor y soledad. La profunda soledad que se reconoce en los ojos, sobre todo de las y los que se van forzosamente.
Contó que no hablaba con casi nadie porque le aterraba que descubrieran quién era, mientras en Colombia publicaron un supuesto informe de inteligencia en el que aparecía vinculada a la guerrilla.
«Mi carrera como médica se terminó, ya no existe. Yo soy médica en Colombia, pero en otro país, ya no […]. Perdí una pasión. [El exilio] se llevó una parte importante de mi vida». Hace poco aprobó el examen de idiomas para intentar ser enfermera. Está en ese proceso.
También ha sorteado la enfermedad «sin ninguna red de apoyo». Hace dos años la operaron de una lesión en el cuello producto de un accidente de trabajo. «Entré sola y salí sola de la clínica». A sus hijos los dejó por una noche al cuidado de la familia de unos compañeros de estudio de su hijo. «La última vez que me hicieron la cirugía, yo hice un video que se lo mandé a mi familia diciendo: si yo me muero, yo le pido a mi familia que puedan ir por mis hijos y se los puedan llevar a Colombia otra vez».
—¿Tú crees que alguna vez vas a dejar de vivir con miedo? —le preguntó Tatiana Antolínez, periodista de Cuestión Pública Feminista.
—Yo tengo algo muy metido en mi cabeza, yo pienso que ellos van a terminar matándome.
Deyanira tiene ese presentimiento atravesado entre pecho y espalda. Una punzada. Un pensamiento recurrente. «Ojalá que si Dios algún día decide llevarme, que sea él que me lleve y que sea solamente yo», señaló.
Quiero morirme de manera singular
quiero un adiós de carnaval
quiero tu voz negra canela escuchar
con su frescura natural sincera
La víctima y el victimario
En 2021, la Sala Penal de la Corte Suprema de Justicia acreditó a Deyanira Gómez, exesposa de Juan Guillermo Monsalve, como víctima en el proceso contra el expresidente Uribe, tras la petición de su abogado Miguel Ángel del Río, con quien está profundamente agradecida. El alto tribunal reconoció las afectaciones a su vida personal por su vinculación con el caso, incluyendo la revictimización a la que la sometió la defensa de Uribe durante el juicio.
De Monsalve se separó al enterarse de una infidelidad. Aun así, no se arrepiente de lo que hizo por él, aunque haya tenido que renunciar a todo. «Me he podido levantar de las cenizas», reconoció.
Aunque volver a Colombia sea, por ahora, una utopía. «Mientras Uribe ostente el poder que ostenta es una ilusión».
Gracias a la absolución en segunda instancia, el expresidente está aspirando al Senado de nuevo, por su partido, el Centro Democrático. Para la presidencia, su partido lanzó a Paloma Valencia como candidata oficial. El expresidente no renuncia a la idea de recuperar el poder ejecutivo.
«Seguramente yo piso Colombia y tengo dos posibilidades: que me armen algo legal o me maten. Todo lo de Uribe es así».
Durante la entrevista volvió al pasado. Al lugar seguro donde comenzó todo: a su papá, un humilde mecánico, a quien describió como un hombre amoroso y trabajador, que a punta de arreglos de carros le ayudó a cumplir su sueño de ser médica.
Ella sacó un crédito del Icetex para pagarse la carrera de medicina. Hizo su año rural con brigadas médicas que la llevaron por toda Colombia. Desde el barrio Sierra Morena en Bogotá hasta remotas zonas del Llano. Conoció la necesidad. La muerte. La desigualdad. De eso sabe más que muchos políticos que en estos tiempos electorales llegan a barrios humildes con falsos pregones.
Deyanira ha vivido varias vidas. De niña aprendió a recitar poemas de Ismael Enrique Arciniegas. De joven, en la finca de uno de sus tíos, ayudó a sembrar yuca y a recoger café. A ensillar caballos. A disfrutar de lo simple. De adulta conoció el amor, el peligro y la traición. Y al final, el exilio.
A veces se pregunta qué habría pasado si no hubiera conocido a Monsalve. Si no lo hubiera ayudado en el proceso contra Uribe. En los ojos de su hijo encuentra respuesta.
Para morirme solo quiero tu voz, Canela
Ay susúrrame al oído una canción, Canela
una canción, una canción de amor
Históricas es un proyecto original de Cuestión Pública.
Se trata del relato coral e innovador que busca iluminar desde el periodismo la labor de las mujeres, tanto en la administración de justicia en Colombia como en su participación en diversos procesos.
*Fragmentos de «Canela», canción de Cesar Mora, escogida por Deyanira Gómez.
Escucha la entrevista completa aquí:





